Oh, ¡los animales!, uno siempre tiene algo interesante que aprender de ellos, quizás porque ellos son más propensos a equivocarse y a aprender de sus errores. Últimamente los animales en mi casa están siendo bastante inspiradores, estoy seguro que si Coelho viviera conmigo, en el transcurso de este mes hubiera escrito unos 20 libros de autoayuda.
En fin, aquellos que usualmente vienen a visitarme a casa conocen a Pituco, mi querido gato con complejo de perro (el gato más cariñoso con la gente desconocida -o el único- que puedes encontrar en la ciudad) y su salvaje vida gatuna, entrando y saliendo, así como recorriendo todas las escaleras de mi superpoblada casa de cuatro pisos. Es un poco desordenado, pero es una máquina de asesinar ratones, y lastimosamente hay muchos roedores alrededor, posiblemente a causa de los vecinos. Hace unas semanas mis familiares, en especial mi "amada" tía, decidieron encerrar al pobre en un cuarto en la azotea, recubrieron todo escape con mallas y sacrificaron así la libertad de Pituco, a cambio de un hogar sin sus orinas.
Sacrificio. Con lo que he aprendido ultimamente, sacrificio es matar o terminar intempestivamente con algo, con el fin de mantener o, quizás, dar inicio a alguna otra cosa. Nuestra vida en realidad está llena de sacrificios, cada una de nuestras decisiones, incluso cuando no nos decidimos a nada estamos sacrificando aquello que podríamos ganar si es que nos convencemos -aquello que en Economía se conoce como el costo de oportunidad-.
Basado en esto y para acabar de alucinarme Wikipedia, creo en dos tipos de sacrificios: el cobarde -aquel en el que decides matar toda opción de ganar o conseguir algo exitoso matando algo para dar una solución rápida y derrotista-, como por ejemplo aquella persona que, teniendo dinero, no invierte en un negocio por temor a perder, o aquella familia que por no limpiar las necesidades de su gato matarratas deciden encerrarlo en su techo. Fácil, ¿no?
Por otro lado está el sacrificio valiente, aquel en el que sabes que pierdes mucho, en el que sabes que puede parecer muchas veces la opción descabellada, pero que al final de todo, también puedes ganar mucho por sacrificar. Son esos sacrificios que van de la mano con tus sueños... porque, los sueños no pueden cumplirse sin sacrificios. Todo cuesta.
Llegado a este punto, mencionaré a otro de los famosos animales de mi casa, en este caso me refiero a una nueva adquisición: Tweety, el canario cojo. Al parecer, su madre, tambien canario nuestro, se sentó encima de Tweety y, desde que nació, este tiene la pata coja y pasó mucho tiempo en el nido. Mi madre estaba bastante dolida, ella ama a sus mascotas, quizás más que a mí -jajaja xD-, llamó al especialista y él no dudó en decirnos "sacrifíquenlo". Estábamos tristes, pero, de repente con los días, Tweety comenzó a levantarse torpemente con un pie y a revolotear las alas, cayó del nido y siguió intentando volar. Dios... ¿cómo asesinar a un ser que está luchando por su sueño? Desde ese momento, decidimos no sacrificar al canario, sino sacrificar un poco de nuestro tiempo, enseñarle a dirigirse a la comida y a recogerlo cada vez que caía del nido. En pocas palabras, su sueño se convirtió en nuestro sueño.
Actualmente y para acabar con este tema, me acerqué a la jaula y sentí una rara calidez al ver que el canario, aquel por el cual apostamos por su sueño, podía volar por toda la jaula y pararse en un pie. Todo sueño cuesta, solo hay que animarnos a sacrificar. ¿Y el caso del gato? Pues, hubo una lluvia y, aparentemente, entre mi casa y la de la vecina había un nido de ratas que se inundó y algunas salieron y entraron a mi casa. ¿Adivinan a cuál de los rincones fueron a instalarse? Al minidepartamento de mi tía. Intentaron bajar a Pituco, lo liberaron de su prisión, sacaron las mallas que tapaban todos los huecos, pero él nunca más intentó bajar: sacrificó su vida nocturna por un poco de paz. Ahora todas las mañanas me despierto y oigo los melodiosos gritos y pisoteos de mi tía... ¿Quién dice que los sacrificios no tienen consecuencias?
Acabo este texto, si tienes algo que sacrificar, ¡hazlo! Hoy es tu decisión, ¿qué quieres para tí el día de mañana? ¿Quieres llegar muy alto con tus propias alas?, o por otro lado, ¿quizás desees vivir rodeado de ratas? Las cartas están sobre la mesa, ¡juégatela!