viernes, 29 de abril de 2011

Bajo la lluvia

Aquel día, las nubes vaticinaban una mojada noche. Las gotas no demorarían en caer, el frío era cada vez más grande. Él fue a buscarla, como siempre, esperando satisfacer su corazón, recibiendo un poco de aquella hermosa mirada capaz de devolverle el brillo al día, pero ella...¿Por qué?, él nunca entendió lo que ocurrió en aquel momento.

¿Qué hizo?, ¿en qué momento todo falló? Ella solo pidió tiempo, distancia, que se aleje de su calor. Él pidió una explicación, pero ella, en silencio, se desvaneció... era lo que el corazón de ella deseaba y él obedeció a ella, por amor.

El dolor era demasiado en su pecho. Él solo pudo salir de aquel lugar, caminar lentamente hacia su hogar, aunque las fuerzas que le quedaban solo permitían que tome asiento en la acera, cierre los ojos y se percate de que la lluvia había empezado. Ahí, bajo la noche, en medio del frío, él lloró. Lloró por cada minuto que compartieron juntos, por cada "buenas noches" que se dieron antes de dormir, por los "te quiero" que ya no tenían sabor a nada, por los planes a futuro que ahora parecen desvanecerse en cada una de las gotas. Aquellas gotas se unieron con la lluvia, y la pista se convirtió en un río de melancolía y desesperación. Las fuerzas que le quedaban se escaparon por sus ojos, simplemente se echó en la acera y esperó la muerte.

La lluvia terminó, pero la muerte nunca apareció, aunque la vida ya no tenía sabor a ella. De todos modos, algo había muerto aquella noche, él aún no sabe qué, pero, sonreír se había convertido en algo demasiado difícil.

- Así es la vida, ¿no?, ese es el significado de esperar. Sentir el dolor en cada segundo de mi vida en el que tengo que ser paciente, tan solo sobreviviendo con el pensar que "al menos, ella es feliz".
- Te entiendo amigo, sé fuerte. Ella volverá. Al fin y al cabo, tenemos que vivir, ¡hazlo por ella! Límpiate los ojos y camina conmigo, como en el pasado lo hacíamos.
-Gracias soledad.
-Para servirte, en los peores momentos.

Y la vida sigue...¿no es así, amigo? También me tienes a mí: la felicidad.

Te espero... ¿Me esperas?

sábado, 23 de abril de 2011

Dime si...

Sugerencia: Abrir previamente música de fondo (CLICK ACÁ)

Sé que dentro de mis debilidades, posiblemente está el no saber expresar sentimientos cálidos. Sé que me pierdo con facilidad en mis palabras y que finalmente desaparezco en mis pensamientos, mientras intento, con frases tímidas que procuren no alejarte de mí, reflejarte aquello que siento y buscar saber lo que sientes. Mas hoy me rindo ante mi pecho que está cansado de recibir tantos golpes por parte de mi corazón desde hace tantos días; me rindo ante mis pulmones que ya no pueden controlar más mi respiración y están a punto de explotar; me rindo a mi mente que solo evoca aquellos momentos tan nuestros con solo cerrar mis ojos; me rindo ante mi imaginación que, cada mañana al despertar, intenta recrearte a mi lado, abrazada a mí, iluminada por el sol de la mañana, esperando silenciar mis "te quiero" con un beso...

Y sí, lo acepto, soy un idiota, pero, los idiotas también pueden sentir amor, ¿no lo crees? No me importa el tiempo, no me importa tu silencio, viviré esperando tan solo un destello de esperanza irradiando de tus ojos, tu permiso para sentir que tengo todo lo que más anhelo en esta vida, tus labios junto a los míos acariciándose bajo la luna llena de una cálida noche de playa que servirá como testigo de una promesa de eternidad que Dios tiene para nosotros. Mas no temas a responderme con una negativa, no te alejes si es que no sientes lo mismo, si es que soy solo yo. Tan solo permíteme seguir a tu lado, compartiendo tus alegrías, tus penas, cada rincón de tu vida, permíteme sostenerte de la mano si alguna vez sientes tropezar, permíteme secar tus lágrimas si alguna vez necesitas a alguien con quien llorar. Sabes que estoy acá, sentado, cerca a tu corazón, esperando pacientemente, solo dime si es que así lo deseas, y seguiré acá, en el rincón que me tengas asignado en tu vida, por siempre...

Al fin y al cabo... estoy amarrado a ti...

viernes, 8 de abril de 2011

bEllas

Sigue pasando el tiempo y seguiré convencido que es terrorífica la habilidad de una mujer para conseguir lo que desea, incluso obligarte a realizar aquellas cosas que menos te agradan en este mundo; y, eso no es muy sorprendente en realidad, porque si ya eres un lector cotidiano de este espacio, sabes que ellas son demasiado hábiles en todo, ¡y ni siquiera importa si *ella* es un familiar tuyo!

Mis recuerdos me llevan a una terrible mañana de diciembre. Era verano, el mes en el que prefiero estar "fresco y bañado" en casa, o "bajo el sol pero en ropa de baño" en una playa o piscina. Aquel día era, de cierto modo, especial, porque *tía 1* había regresado de España, después de casi 4 años en las que no la veía. *Tía 2* y *tía 3* dejaron sus labores cotidianas para acompañarla y, además, visitar al abuelo Pulache que por aquellas época se pensaba que sería operado y permanecía en Trujillo, para pronto viajar a chiclayo para su quirúrgico encuentro.Yo acababa de salir de vacaciones, así que a esas 9 am seguía algo dormido. Suena el teléfono:

*Tía 1*: "hijo, ¿cómo andas ingrato?"
Yo: "recién despierto"
*Tía 1*: "¿te parece si vienes a desayunar y luego nos acompañas a comprar unas medias y calzoncillos para el abuelo por el centro?"
Yo: -estaba medio dormido, y en momentos así suelo pensar con el estómago, a las finales, supuse que sería algo rápido- "sí, sí, ¡vamos!"

Mi terrible error del día fue no pensar en las consecuencias de aquella invitación aparentemente inofensiva. Llegué a casa de mi prima, nos saludamos y desayunamos bien al menos. Me sentía preparado para un fin del mundo, con seguridad, pero no para la tortura china de aquel día...

El punto de destino era Zela, donde todo es más barato en cuestión de ropas, pero debido al tráfico navideño -al parecer- tuvo que detener el taxi en la Alameda del Calzado: más de 8 filas que atravesaban toda la cuadra, llenas de zapatos y mujeres aparentemente preparadas para la guerra, en un ambiente reducido que solicitaba reflejos veloces para no perder el modelo de calzado que deseas, buena memoria para recordar si lo que ves es mejor o no a lo que viste hace 10 segundos al lado, o simplemente paciencia, ¡MUCHA PACIENCIA! Fueron unas 3 horas sin descanso en las cuales aprendí casi de memoria a la fuerza los tipos de tacos, colores, tamaños, la diferencia entre el cuero y la cuerina y muchas cosas más, además de haber tenido que ser un ente mediador entre *tía 1* que avanzaba a paso promedio, *tía 2* que se demoraba unos 5 o 10 minutos mirando y acariciando cada zapato y, claro, *tia 3* que simplemente era tan chiquita que el mar de mujeres la arrastraba hacia la orilla puerta.

Al acabar todas las filas, y pensando que era el fin de mi tortura, cruzamos la pista... ¡y habían más tiendas de zapatos al frente! Ya estábamos acercándonos pero, gracias a Dios, en casos así no falla la técnica de mirar el reloj y decir fuerte "se hace tarde, *inserte familiar* está en casa esperándonos para almorzar", me entendieron, así que volvimos a nuestro camino hacia el paraíso de medias y calzoncillos para el abuelito. Solo que, no conté con el factor *tiendas de ropa*, segunda debilidad del 90% de féminas del mundo. Entramos a unas 4 tiendas, con la excusa de que YO necesitaba ropa, terrible técnica de las tías. Aún recuerdo bien el vestido y el maniquí con cintura de avispa y talla 90-60-90, mientras *tía 1* me decía: "Christian, ¿crees que se me vería bien?" y yo le respondía: "puede ser", aunque mentalmente me preguntaba si sería ético o no decirle que ella no se parecería al maniquí ni juntando sus 7 esferas y pidiéndoselo a Shen Long.

En fin, siempre uno debe procurar negociar con su familiar y pedirle mesura a la hora de comprar, ya que, puede pasarte que llegando a la tienda de ropa interior, y frente a un montón de damas, tu tía te llame gritando "oye, mira, este calzoncillo de ositos está bonito, ¡ven para tantear si te queda!", peor si quizás en ese momento pasa una conocida de universidad y te dejan con, aunque no debería avergonzar -para muchos-, un mal momento. Al acabar la faena, las tías recordaron que debíamos comprar flores, tuvimos que caminar al mayorista, en donde pasamos una hora más, ¿es que tienen que ser tan detallistas para todo?

Al acabar, llevamos las rosas, mis primos y el abuelo nos esperaban en un chifa, donde almorzamos aproximadamente a las 3 p.m. Al acabar, la tarea final del día era acompañarlas al cementerio, *tía 1* quería visitar el cuerpo de su esposo, muerto hace 4 años, antes que se vaya del país por última vez. Llegamos y, tal como ocurrió hace años atrás, se arrodilló frente a él y lloró, haciéndome ver que hay gente que puede mantener sentimientos intactos a pesar del tiempo; si algo admiro de una mujer, es su fuerza para sostener sentimientos, algo que no muchos hombres podemos en realidad... e increíblemente poder decir que el amor puede traspasar las barreras de la muerte y el tiempo en algunos, ¿quién lo diría?

De todos modos, si lees esto y eres mujer, procura no ser tan detallista si un varón te acompaña; por otro lado, si eres un varón, piensa en cualquier consecuencia, como si fuera un juego de ajedrez, no quisiera que te pase lo mismo que a mí. Como sea, de todos modos, y aunque quiera y respete a mis tías y la fuerza para vivir que tienen día a día, voy a pensarlo 2 veces antes de vender mi día por un desayuno y un chifa, y claro que adoro acompañarlas, pero para la próxima seré más hábil y las invitaré directamente a algun sitio lejos de tiendas y cerca a comida. ¡Las quiero! ^_^

miércoles, 6 de abril de 2011

Implícito

Aunque las cosas que quiera oír de ti nunca las dirás posiblemente, aunque seas un universo por descubrir y hasta ahora solo tenga un bosquejo de tu vida en mi mente, adoro tu existencia, porque puedes decirme mucho sin necesidad de las palabras, simplemente sé que también te importo, y eso me es suficiente.

Espero mañana encontrarte en el mismo lugar de siempre, donde nuestras palabras danzan lentamente mientras los minutos avanzan y se hacen imperceptibles. Es que, cada segundo es una eternidad de alegría, donde me compartes tu vida y yo te comparto la mía. Hay mucho por decir y no hay nada más en realidad, porque las palabras son obsoletas cuando sabes que tienes en alguien un espacio donde el respirar es agradable. Tú lo sabes bien, cuentas conmigo siempre, no lo olvides.