Lamentablemente, desde hace días esperé un "sea lo que sea, te apoyaré y siempre estaré a tu lado", un "confío en ti", un "te quiero" o al menos un "tú puedes", al fin y al cabo, soy humano, a veces lo necesito. Solo espero que todo pase y sea nuevamente yo quien intente robarte una sonrisa y ponerla en tu rostro, en vez de quitártela con mis malos momentos. Creo que es un adiós por unos días por mi futuro. Espérame, ¿sí?
lunes, 12 de diciembre de 2011
Y mientras voy hacia mi calvario...
...mi mente va recordando una idea que, por mucho tiempo, fue primordial en mí: nunca dependas anímicamente de nadie. No seas tú quien busque la luz de otros, mejor sé tú quien ilumina sus vidas.
lunes, 5 de diciembre de 2011
Aquel rincón vacío...
Una de las cosas que avanza más lenta, pero a la vez, más rápidamente, es el tiempo. Hoy siento que este se me fue de las manos, aunque siento que, desde el momento en el que llegaste hasta el día de ayer en el que te fuiste, he vivido mucho de él contigo.
Fue raro, ¿sabes?, y aún lo es. Llegar a casa, estar a punto de gritar tu nombre, casi esperando por inercia que llegues a mí como siempre solías hacerlo, pero nunca llegaste. Me acostumbré a ti. Esta tarde, mientras colocaba tu cuerpo en aquel hoyo, los recuerdos se abalanzaban sobre mí. Era junio cuando llegaste y sentí que te quería con solo verte, ya que fuiste lo que siempre quise desde que era un niño. Te convertiste en parte de la familia, fuiste uno más. Innumerables veces dormimos juntos en la misma cama o en el mueble, éramos cómplices en silencio, ya que mamá no debía enterarse de aquello sino me mandaría a lavar la ropa. Me quisiste tanto, solo por acariciarte cada vez que te tuviera cerca y darte de mi comida cada vez que te acercabas con tus ojitos tiernos con los que parecías suplicarme por ella... Cuando creciste, tuviste que pasar algunos años de tu vida en el techo, porque te habías vuelto demasiado sucio, algo gritón y, de pasada, mamá ya no quería limpiar más. Volviste este año, porque quisimos que pases bien tus últimos años, aunque ya no eras el mismo del pasado, ahora eras viejo, cansado, pero, parecía que me querías como si el tiempo nunca hubiera pasado... Te amé como antes.
Luego, todo fue demasiado rápido que aún no lo creo. Aún recuerdo, hace unas semanas, haber apostado con mamá que no durarías hasta el próximo año porque estabas muy viejo, mientras mamá me decía irónicamente "ese Dinky debería ya estar haciéndole compañía al papá Jorge, a tu padre y al tiacho...", creíamos que nos enterrarías. Solo que, nunca esperamos que te fueras así, con una enfermedad que en dos días te arrancó de mí. Aquel último día, al menos sé que te divertiste mucho, sé lo que te agradaba el caminar, orinando en cada lugar que puedas, marcando territorio. Jadeaste a más no poder.
En la noche, ya no podías más. Quizás, mi más fuerte recuerdo con el que me quedaré será esta última madrugada, echado, con tu cabeza sobre mis piernas, susurrándote: "no me dejes, viejo, te dije que tenemos mucho que hacer juntos, aún no vamos al parque con ella como te dije que haríamos. No me dejes, por favor...", pero tú solo me mirabas, cansado por toda la sangre perdida, esperando el momento para dejarme extrañándote. Al regresar a casa, ya no estabas con vida. Esperé a que mamá se vaya y puse tu cabeza sobre mis piernas una vez más, abracé tu cuerpo y, nuevamente, todo el tiempo que pasamos juntos brotó por mis ojos, Quise ser fuerte pero no pude, sentía mi corazón siendo golpeado en cada montículo de tierra que, lentamente, desaparecía tu cuerpo y nos decía, así, que nunca volveríamos a verte.
Y, sigue siendo raro. Ese rincón de donde te levantabas de tu cama para venir a mi encuentro, donde la noche pasada estuvimos juntos, ahora está vacío. Ya no oigo tus patas caminando hacia mí, ya no te acercas al mueble mientras estoy echado para así cargarte y permitir que duermas conmigo ahí, ya nunca más te tendré echado bajo mis pies mientras toco la guitarra, incluso parecía que te gustaba escucharme, ya no podré pedirte la patita y que te hagas el muerto a cambio de una galleta... ya no habrán más domingos en la tarde para caminar junto a ti en el parque y disfrutar así del sol cayendo sobre nosotros.
Ya no hay lamentos de aquello que no pudimos vivir, ya no hay más lágrimas creo yo, por ahora, ya no puedo regresar al tiempo y amarte mucho más de lo que hice cuando estuviste aquí. Solo queda mi agradecimiento por tu fidelidad que duró por más de 12 años, por el amor que nunca se enfrió en ti, por hacer que esta casa no se sienta tan vacía para mí. Sé que dolerá acostumbrarme pero, quizás sea como dijo mamá, ahora quizás estés haciéndole compañía a papá o, quizás, ahora le des la patita a Dios.
Te extraño viejo, te extraño mucho, duele mucho no tenerte, pero la vida sigue. Al menos seguirás siendo fiel a mí y compartiendo este mueble en mis recuerdos. Descansa en paz, orejas.
Fue raro, ¿sabes?, y aún lo es. Llegar a casa, estar a punto de gritar tu nombre, casi esperando por inercia que llegues a mí como siempre solías hacerlo, pero nunca llegaste. Me acostumbré a ti. Esta tarde, mientras colocaba tu cuerpo en aquel hoyo, los recuerdos se abalanzaban sobre mí. Era junio cuando llegaste y sentí que te quería con solo verte, ya que fuiste lo que siempre quise desde que era un niño. Te convertiste en parte de la familia, fuiste uno más. Innumerables veces dormimos juntos en la misma cama o en el mueble, éramos cómplices en silencio, ya que mamá no debía enterarse de aquello sino me mandaría a lavar la ropa. Me quisiste tanto, solo por acariciarte cada vez que te tuviera cerca y darte de mi comida cada vez que te acercabas con tus ojitos tiernos con los que parecías suplicarme por ella... Cuando creciste, tuviste que pasar algunos años de tu vida en el techo, porque te habías vuelto demasiado sucio, algo gritón y, de pasada, mamá ya no quería limpiar más. Volviste este año, porque quisimos que pases bien tus últimos años, aunque ya no eras el mismo del pasado, ahora eras viejo, cansado, pero, parecía que me querías como si el tiempo nunca hubiera pasado... Te amé como antes.
Luego, todo fue demasiado rápido que aún no lo creo. Aún recuerdo, hace unas semanas, haber apostado con mamá que no durarías hasta el próximo año porque estabas muy viejo, mientras mamá me decía irónicamente "ese Dinky debería ya estar haciéndole compañía al papá Jorge, a tu padre y al tiacho...", creíamos que nos enterrarías. Solo que, nunca esperamos que te fueras así, con una enfermedad que en dos días te arrancó de mí. Aquel último día, al menos sé que te divertiste mucho, sé lo que te agradaba el caminar, orinando en cada lugar que puedas, marcando territorio. Jadeaste a más no poder.
En la noche, ya no podías más. Quizás, mi más fuerte recuerdo con el que me quedaré será esta última madrugada, echado, con tu cabeza sobre mis piernas, susurrándote: "no me dejes, viejo, te dije que tenemos mucho que hacer juntos, aún no vamos al parque con ella como te dije que haríamos. No me dejes, por favor...", pero tú solo me mirabas, cansado por toda la sangre perdida, esperando el momento para dejarme extrañándote. Al regresar a casa, ya no estabas con vida. Esperé a que mamá se vaya y puse tu cabeza sobre mis piernas una vez más, abracé tu cuerpo y, nuevamente, todo el tiempo que pasamos juntos brotó por mis ojos, Quise ser fuerte pero no pude, sentía mi corazón siendo golpeado en cada montículo de tierra que, lentamente, desaparecía tu cuerpo y nos decía, así, que nunca volveríamos a verte.
Y, sigue siendo raro. Ese rincón de donde te levantabas de tu cama para venir a mi encuentro, donde la noche pasada estuvimos juntos, ahora está vacío. Ya no oigo tus patas caminando hacia mí, ya no te acercas al mueble mientras estoy echado para así cargarte y permitir que duermas conmigo ahí, ya nunca más te tendré echado bajo mis pies mientras toco la guitarra, incluso parecía que te gustaba escucharme, ya no podré pedirte la patita y que te hagas el muerto a cambio de una galleta... ya no habrán más domingos en la tarde para caminar junto a ti en el parque y disfrutar así del sol cayendo sobre nosotros.
Ya no hay lamentos de aquello que no pudimos vivir, ya no hay más lágrimas creo yo, por ahora, ya no puedo regresar al tiempo y amarte mucho más de lo que hice cuando estuviste aquí. Solo queda mi agradecimiento por tu fidelidad que duró por más de 12 años, por el amor que nunca se enfrió en ti, por hacer que esta casa no se sienta tan vacía para mí. Sé que dolerá acostumbrarme pero, quizás sea como dijo mamá, ahora quizás estés haciéndole compañía a papá o, quizás, ahora le des la patita a Dios.
Te extraño viejo, te extraño mucho, duele mucho no tenerte, pero la vida sigue. Al menos seguirás siendo fiel a mí y compartiendo este mueble en mis recuerdos. Descansa en paz, orejas.
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)