Es temprano en la mañana, hace unos minutos que salió el Sol anunciando el inicio de este día, y a pesar que todo suele ser más lento en ese momento, ella aparece con las mismas energías de siempre, tratando de despertarme bruscamente, gritando tu nombre y sacudiendo mis pensamientos, a pesar de saber que la noche anterior sus gritos no me dejaron conciliar el sueño con facilidad. Me levanté y tomé un baño caliente, pero ni siquiera en la ducha me dejó tranquilo. He desayunado con ella, no pude disfrutar ningun alimento, a ella le agrada recordarme que todo es tan insípido sin ti. Han pasado varias horas y ella sigue susurrando tu nombre en mi oido, aliándose con el silencio y con estas 4 paredes asfixiantes, encerrándome en una prisión de la que, aunque no tenga rejas ni cerraduras, no puedo escapar.
Hace muy poco apareciste en el escenario y por un momento hicimos una tregua ella y yo. El tiempo se volvió imperceptible, el silencio se volvió melodía y todo fue tan placentero. Disfrutamos de nuestra distante cercanía, mientras que nos olvidábamos del mundo y de la monotonía que nos rodea. Todo era tan perfecto como para arruinarlo con mis dudas y temores, cómplices perfectos de tus cambios de ánimo, tus fantasmas internos y tu rechazo a acercarte más a mí. Te fuiste tan repentinamente como llegaste... quizás en realidad yo te desaparecí. Tan pronto como desapareces, ella vuelve, con más razones que nunca para burlarse de mí, restregando mi estupidez en mi rostro, recordándome que lo hice una vez más y que, por más que luche con ella, quizás nunca gane.
Quiero que la conozcas, me sería de gran ayuda. Ella es la ansiedad de tenerte a mi lado y esta es mi convivencia diaria con ella... hace tan solo unas horas que te fuiste, pero, me haces demasiada falta. Y, en tu ausencia, solo consigo crear paz evocando aquellos pequeños momentos tan eternos que solemos compartir, cada palabra que mencionas, cada retazo de amor con el que tímidamente que me iluminas. Dime, ¿volverás nuevamente mañana?, regresa a mí como cada día, quitémonos nuestras corazas y hablemos con el corazón en la mano; compárteme tu vida... al final, tú sabes que quiero entrar cada día más en ella.
Alguna vez me preguntaste, "¿qué esperas de mí?", dime tú, ¿cómo es que podría responderte? Aún no conozco la eternidad ni puedo describir la palabra "todo" en metodos sencillos. Te necesito, ¿sabes?, solo contigo puedo respirar, necesito de tu oxígeno hoy. Y nunca más te preguntes el por qué de tu existencia, ni pienses que ello solo afecta a otros porque, te lo aseguro, eres una de las más grandes pruebas que Dios existe, no puedo hacer más que agradecer por tu vida, procura no privarme demasiado de ella, por favor, ¿sí?
Te espero aquí, mientras sigo aquí lidiando aún con "ella"...
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