viernes, 8 de abril de 2011

bEllas

Sigue pasando el tiempo y seguiré convencido que es terrorífica la habilidad de una mujer para conseguir lo que desea, incluso obligarte a realizar aquellas cosas que menos te agradan en este mundo; y, eso no es muy sorprendente en realidad, porque si ya eres un lector cotidiano de este espacio, sabes que ellas son demasiado hábiles en todo, ¡y ni siquiera importa si *ella* es un familiar tuyo!

Mis recuerdos me llevan a una terrible mañana de diciembre. Era verano, el mes en el que prefiero estar "fresco y bañado" en casa, o "bajo el sol pero en ropa de baño" en una playa o piscina. Aquel día era, de cierto modo, especial, porque *tía 1* había regresado de España, después de casi 4 años en las que no la veía. *Tía 2* y *tía 3* dejaron sus labores cotidianas para acompañarla y, además, visitar al abuelo Pulache que por aquellas época se pensaba que sería operado y permanecía en Trujillo, para pronto viajar a chiclayo para su quirúrgico encuentro.Yo acababa de salir de vacaciones, así que a esas 9 am seguía algo dormido. Suena el teléfono:

*Tía 1*: "hijo, ¿cómo andas ingrato?"
Yo: "recién despierto"
*Tía 1*: "¿te parece si vienes a desayunar y luego nos acompañas a comprar unas medias y calzoncillos para el abuelo por el centro?"
Yo: -estaba medio dormido, y en momentos así suelo pensar con el estómago, a las finales, supuse que sería algo rápido- "sí, sí, ¡vamos!"

Mi terrible error del día fue no pensar en las consecuencias de aquella invitación aparentemente inofensiva. Llegué a casa de mi prima, nos saludamos y desayunamos bien al menos. Me sentía preparado para un fin del mundo, con seguridad, pero no para la tortura china de aquel día...

El punto de destino era Zela, donde todo es más barato en cuestión de ropas, pero debido al tráfico navideño -al parecer- tuvo que detener el taxi en la Alameda del Calzado: más de 8 filas que atravesaban toda la cuadra, llenas de zapatos y mujeres aparentemente preparadas para la guerra, en un ambiente reducido que solicitaba reflejos veloces para no perder el modelo de calzado que deseas, buena memoria para recordar si lo que ves es mejor o no a lo que viste hace 10 segundos al lado, o simplemente paciencia, ¡MUCHA PACIENCIA! Fueron unas 3 horas sin descanso en las cuales aprendí casi de memoria a la fuerza los tipos de tacos, colores, tamaños, la diferencia entre el cuero y la cuerina y muchas cosas más, además de haber tenido que ser un ente mediador entre *tía 1* que avanzaba a paso promedio, *tía 2* que se demoraba unos 5 o 10 minutos mirando y acariciando cada zapato y, claro, *tia 3* que simplemente era tan chiquita que el mar de mujeres la arrastraba hacia la orilla puerta.

Al acabar todas las filas, y pensando que era el fin de mi tortura, cruzamos la pista... ¡y habían más tiendas de zapatos al frente! Ya estábamos acercándonos pero, gracias a Dios, en casos así no falla la técnica de mirar el reloj y decir fuerte "se hace tarde, *inserte familiar* está en casa esperándonos para almorzar", me entendieron, así que volvimos a nuestro camino hacia el paraíso de medias y calzoncillos para el abuelito. Solo que, no conté con el factor *tiendas de ropa*, segunda debilidad del 90% de féminas del mundo. Entramos a unas 4 tiendas, con la excusa de que YO necesitaba ropa, terrible técnica de las tías. Aún recuerdo bien el vestido y el maniquí con cintura de avispa y talla 90-60-90, mientras *tía 1* me decía: "Christian, ¿crees que se me vería bien?" y yo le respondía: "puede ser", aunque mentalmente me preguntaba si sería ético o no decirle que ella no se parecería al maniquí ni juntando sus 7 esferas y pidiéndoselo a Shen Long.

En fin, siempre uno debe procurar negociar con su familiar y pedirle mesura a la hora de comprar, ya que, puede pasarte que llegando a la tienda de ropa interior, y frente a un montón de damas, tu tía te llame gritando "oye, mira, este calzoncillo de ositos está bonito, ¡ven para tantear si te queda!", peor si quizás en ese momento pasa una conocida de universidad y te dejan con, aunque no debería avergonzar -para muchos-, un mal momento. Al acabar la faena, las tías recordaron que debíamos comprar flores, tuvimos que caminar al mayorista, en donde pasamos una hora más, ¿es que tienen que ser tan detallistas para todo?

Al acabar, llevamos las rosas, mis primos y el abuelo nos esperaban en un chifa, donde almorzamos aproximadamente a las 3 p.m. Al acabar, la tarea final del día era acompañarlas al cementerio, *tía 1* quería visitar el cuerpo de su esposo, muerto hace 4 años, antes que se vaya del país por última vez. Llegamos y, tal como ocurrió hace años atrás, se arrodilló frente a él y lloró, haciéndome ver que hay gente que puede mantener sentimientos intactos a pesar del tiempo; si algo admiro de una mujer, es su fuerza para sostener sentimientos, algo que no muchos hombres podemos en realidad... e increíblemente poder decir que el amor puede traspasar las barreras de la muerte y el tiempo en algunos, ¿quién lo diría?

De todos modos, si lees esto y eres mujer, procura no ser tan detallista si un varón te acompaña; por otro lado, si eres un varón, piensa en cualquier consecuencia, como si fuera un juego de ajedrez, no quisiera que te pase lo mismo que a mí. Como sea, de todos modos, y aunque quiera y respete a mis tías y la fuerza para vivir que tienen día a día, voy a pensarlo 2 veces antes de vender mi día por un desayuno y un chifa, y claro que adoro acompañarlas, pero para la próxima seré más hábil y las invitaré directamente a algun sitio lejos de tiendas y cerca a comida. ¡Las quiero! ^_^

2 comentarios :

  1. deberías ir un día de compras conmigo... te curarías del trauma... incluso si son compras navideñas ^^

    y... por cierto, me encanta tu naturalidad para escribir, además de esos tachados que haces... chvr! =)

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