Es posible que haya sido demasiado masoquista en estas últimas semanas, es posible que lo esté siendo mucho más ahora mismo, pero, aunque no debería seguir, no puedo dejar de pensarte y de querer susurrarte un millón de palabras para poder recuperar algo que siento que, sin querer, perdimos en el camino.
¿Y sabes? Las noches son últimamente muy raras. Muchas veces me encuentro diciendo "buenas noches" a todo el mundo, y refugiándome en mi habitación, cerrando la puerta y desnudando mi alma sobre la cama, deshaciéndome de cada prenda, de cada pensamiento y de cada lágrima que esperó por muchas horas para acariciar mis mejillas y consolarme en la oscuridad al final del día. Y en ese momento, en mi mente, se entremezclan muchas cosas: por un lado, las palabras de mis amigos y gente que me rodea, diciéndome que si nunca me quisiste así, nunca lo harás, incluso, tus mismas palabras pidiéndome que no sea cruel conmigo mismo y que esperarte no sería una idea correcta. Por otro lado, tengo cada momento, cada acción y cada palabra que te hizo tan importante en mi vida y que, creo que, me hizo así de importante en la tuya. Cierro los ojos y trato de conciliar el sueño evocando los recuerdos de esos momentos que nos hacían "egoístamente" felices en las madrugadas hasta darle la bienvenida al sol, con cada modo de cambiar las conversaciones y enredarnos en nuestras propias ideas, con cada sonrisa que nos robábamos en los mejores y los peores momentos y que hacían nuestras vidas un poco más bellas.
A pesar que sé lo que es ese "algo" perdido, no puedo decirlo porque prometí no seguir haciéndolo, y últimamente he recriminado un poco a Dios porque las prioridades que elegimos no me deja por ahora acercarme a tu corazón, pero, por otro lado, llegué a entender que, si el amor por si solo no puede definirse como un sentimiento, es porque este es una decisión de voluntad sobre otra persona, que al final es definido para cada pareja por las actitudes de cada uno. Amor es ese pequeño paso, ese "sí" que separa el ser tu amigo y el que te adueñes de mis labios, ese pequeño paso que no darás hoy y posiblemente no quieras darlo nunca. Pero no te recrimino nada, y no puedo hacerlo, ya que tu existencia sigue haciendo demasiado feliz mi vida. Tan solo debo volver a guardar mi corazón, tal como tú decidiste guardar el tuyo, y esperar, ya que yo ya te di todo y aún así... -bueno, ya sabes lo que le sigue a esa frase-. Y si en algún momento decides amar a otra persona que no sea yo, tan solo espero 2 cosas: la primera es que él te quiera mucho más de lo que yo te podré querer, y que pueda darte mucho más de lo que yo sería capaz de darte. La segunda es que, si en algún momento paso por tu mente, no solo recuerdes lo malo, sino que sonrías con todo lo que vivimos, y que recuerdes todos los momentos bonitos que pasamos, como aquel "si mueres serías demasiado egoísta conmigo" que me dijiste cuando me sentía desolado, o como aquel "te odio por hacer hacer latir así mi corazón porque creo que a él le gustó cada una de las palabras que me dijiste" de aquella tarde en la que te compartía mis sueños para el futuro...
Ay, los sueños... Es irónico y triste que se convierta en tu peor pesadilla el querer olvidarte de lo que alguna vez soñaste, saber que posiblemente ello no se cumpla. A pesar de eso, te recuerdo, te pienso, y me aferro a esos sueños. No te mentí, quizás no pueda soltarte nunca, y te hice una y varias promesas, y las mantendré, encerradas en mi corazón, bajo una llave que sabes que solo tú tienes. Si un día quieres abrirlo, te agradeceré y te querré como nadie más podría querer a alguien sobre esta Tierra, sino, también te querré, por ser el amigo que me gusta ser de ti. Y, aunque nadie más lo desee, te esperaré, porque con el tiempo me hice bueno en hacer ello, al punto de amarlo. Mas de mí ya no volverás a leer o escuchar algo que te obligue a decidir, algo que no compartamos tú y yo, porque, si el amor es voluntad y decisión como mencioné, yo te amo, lo seguiré haciendo, y no necesitaré repetirlo más. ¿Algún día me amarás?
lunes, 20 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
Memorias de un perro
Martes, 07 de febrero de 2012. Son las 6 p.m., las gotas de lluvia han sonado demasiado en todo el día y, la verdad, eso es genial, la naturaleza es bastante armoniosa en estos momentos conmigo. El ruido, el ver el agua danzar a través del tejado, mientras yo me encuentro echado cerca a la terraza y siento humedecer mi nariz con este clima, hasta que, de repente, la lluvia cesa, el ruido desaparece y nuevamente me encuentro escuchando mis pensamientos que me dicen que, en estos momentos, tú no estás aquí conmigo.
Y, a decir verdad, hoy ha sido el día más largo de mi vida. La vida sigue aunque no estés, lo sé, pero, es difícil cuando estás lejos de mí, y pasa el tiempo y no sé dónde estás y ni siquiera si volverás. Todo es más sencillo cuando te tengo junto a mí, cuando siento el calor de tus manos tocando mi cuerpo. Y, ¿sabes?, es tan bonito cuando me hablas, cuando estás cerca de mí. Y, puede que creas que no te entiendo, puede que a veces parezca que no te oigo, pero tu voz es la música más bonita que puede llegar a mis oídos, capaz de hacer que baile mi corazón de alegría. De todos modos, ni siquiera necesitas hablar, solo quédate a mi lado, porque tu presencia llena demasiado mi vida, porque estar contigo me hace el ser más feliz del mundo, porque me siento protegido, siento que no me falta nada.
Ven y alimenta mi vida, alimenta mi corazón, porque solo tú tienes el alimento para mantenerme con vida. Ven a mi lado o, al menos, no te alejes si yo me acerco al lado tuyo. Échate conmigo, acaricia mi cabeza y deja que descanse sobre tus piernas. Dejemos que el tiempo avance si, de todos modos, no me importa nada más cuando estás aquí conmigo. Encadéname a ti, al fin y al cabo, ¿de qué me vale ser libre si no te tengo? Dime que no me dejarás nunca, dímelo con el corazón, dime que serte fiel por siempre ha valido, vale y valdrá la pena, porque quiero serlo de verdad. Caminemos, a donde sea, pero caminemos, porque, cualquier lugar es perfecto si estás ahí. No me castigues con tu indiferencia, no me alejes de ti, porque, muy posiblemente, yo te quiera más de lo que podría alguna vez quererme a mí mismo. ¿Y yo? Por mi parte, haré lo que mejor sé hacer: correr a ti, emocionarme al verte, y amarte como si tú fueras mi mundo. De todos modos, eso último no está muy alejado de la realidad, y tú lo sabes.
Sé por siempre mi dueña y amiga, ¿sí?
Con amor
Tu más fiel amigo
Suscribirse a:
Comentarios
(
Atom
)