sábado, 19 de marzo de 2011

Sonríe

Una de las palabras que más guardo en mi mente y mi corazón son las de mi amigo y hermano Obed, quien se fue a Lima a estudiar y seguir sus sueños. Al regresar nos contaba lo que tuvo que pasar allá y, después de su testimonio, concluía en aquel que es mi tema del día: no te quejes de lo que te falta, agradece por lo que ya tienes. En realidad, es algo bastante difícil, hasta hace unos días yo solía repetirme "pero al fin y al cabo, desear más de lo que tengo, es algo positivo y es algo humano, ¿o no?, es lo que muchas veces te ayuda a superarte", pero es que, para entender la profundidad de aquella idea, muchas veces es necesario vivirla en carne propia.

Hace unos días tuve que viajar a la selva alta del Perú, específicamente, a Moyobamba, ya que mi abuela está allá y anda algo enferma. Fue un viaje de 16 horas en bus, atravesando la cordillera, para pasar 5 días y 4 noches en una ciudad que no visitaba hace unos 2 o 3 años. No puedo negar que tenía planes, quizás un poco egoístas inicialmente: planeaba llegar salir a correr todos los días, terminar de leer unos libros, irme a los baños termales caminando diariamente y tener un relajo que, según yo, merecía después de un par de vacaciones en las que me pasé trabajando. El primer día fue genial porque hice casi todo lo que deseaba, pero aquella noche empezó una lluvia que no se detendría hasta después de 2 días. Fui a dormir a las 2 de la madrugada y aquel aguacero empezó, con truenos y relámpagos... yo estaba emocionado, era la primera vez que veía un espectáculo así en vivo, pero mi emoción terminó al llegar el día siguiente.

En la mañana, muy temprano, no había agua potable, en las duchas, cañerías, todo estaba seco, pregunté y me dijeron que en la ciudad cerraban el suministro de agua al haber lluvias fuertes, por una cuestión de salubridad y todo eso. Quise ver algo de televisión pero me dijeron que no podía porque las cosas debían mantenerse desenchufadas; una descarga fuerte podría malograr los electrodomésticos. Así me fui, enojado, a intentar dormir en mi habitación temporal, mientras internamente me quejaba de mi presente. En la noche me acerqué a la mesa, mientras escuchaba a algunos familiares conversar sobre las noticias: en Jepelacio, un pueblo humilde a 30 minutos de donde estaba, la lluvia provocó derrumbes, se cayeron muchas casas y murieron unos niños con el accidente. Me sentí egoísta, yo ahí me quejaba de aburrimiento, cuando en realidad tenía la dicha de estar en una casa que soportó lluvias y, además, una familia que me amaba. Al otro día, tuvimos que esperar la cisterna de agua del municipio pasar por la esquina y llenar nuestros baldes y cargarlos hasta la casa. Fue nuevamente terrible ver cómo se terminaban los suministros y algunas personas se quedaban sin líquido por llegar tarde a la reparticíón. Entre caras tristes cansadas, yo solo regresaba, aún con una sensasión rara, pero ahora agradeciendo lo bendecido que era en medio del mal momento y, a la vez, extrañando demasiado mi casa en Trujillo. Al día siguiente y con un semblante algo distinto, me acerqué a la abuela, que se la pasaba echada, sin realizar gesto alguno; no sé qué me dio por sacar mi iPad con canciones antiguas de "Los Panchos" y, me pareció verla sonreír, fue genial. Dejé ahí la música con mi tía, que en ese momento la cuidaba, luego me dijeron que la cuide, y después de unos minutos se le cayó la pelota (que le dieron para ayudarla con sus reflejos, o algo así) de la mano, se la quise entregar, pero en vez de cojer aquella pelotita, agarró mi mano, fuerte, muy fuerte, sentía que intentaba mirarme, yo solo pude decirle "disfruta de la música" mientras descansábamos en quietud; nuevamente, fue genial.

Finalmente regresé a Trujillo, y, después de mucho, comprendí en profundidad el mensaje de mi amigo. Muchas veces vivimos dándole importancia a las cosas que no tenemos, solemos quejarnos de aquello que no vemos, exigimos tener lo que la vida no nos dio, llegamos a quejarnos con Dios, perdemos la fe y decimos que hemos sido olvidados, pero no hemos aprendido a amar aquellas cosas que consideramos "cotidianas" y que, aunque no quieras verlo, son bendiciones.

Hoy quiero agradecer a Dios, porque es un ser demasiado buena onda que me bendijo con una ciudad hermosa, en la que no hace mucho frio ni calor, una casa bonita que tiene todo lo que necesito: una madre que goza de su juventud y que me ama por sobre todo lo que haya en la Tierra, comida todos los días, una cama cómoda, agua potable todos los días y mucho más de lo que necesito. Agradecer también por tener una familia genial, llena de salud, que sabe que la adoro aunque no suela decirlo, unos abuelos que vivirán unos 75 años más, una tía que me ama como una madre, primos amorosos que compensan mi falta de expresividad. Agradecer por una iglesia en donde encontré hermanos de verdad, por el que encontré paz, sabiduría... por el que te encontré a *ti* también, el milagro más hermoso de mi vida, y porque, aunque estés lejos, te siento demasiado cerca.

Y como mencioné al inicio, sé que "querer más en la vida" no es algo malo, pero es dificil conseguirlo si antes no valoras lo que tienes el día de hoy. No necesito decirte que mires a Japón, Haiti y otros países tocados por la naturaleza para demostrarte que la vida te sonríe, a pesar de las lluvias, de las desgracias... que los problemas se hicieron para unirnos, despertarnos y hacernos conscientes. Pon de tu parte hoy, quizás logres lo que yo conseguí: sentir que lo cotidiano es sobrenatural, valóralo y ámalo, como si fuera el último día de tu vida, ¿o esperarás a perderlo para extrañarlo? Te aseguro que poco a poco la vida te dará más, mucho más. Nuevamente la pelota está en tu cancha, tienes el poder y la libertad de elegir.



PD: quiero una coca cola xD.

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