Nos encontramos a las a las 7:00 p.m., una hora antes de empezar el encuentro. El taxi nos dejó a 1 cuadra del estadio, ya que la periferia del tránsito suele bloquearse para estos encuentros. Lamentablemente también, el taxi nos dejó justamente en tribuna Norte, la más peligrosa de todas, por la barra crema, la más aguerrida de mi país, aquella que mi madre temía. Aún recuerdo a mi amiga sosteniéndome fuertemente del brazo, mientras yo veía a la barra tratando de ingresar al estadio, haciendo cánticos mientras la policía montada daba vueltas a nuestro alrededor. No puedo negarlo, también tenia miedo, creo que produje más adrenalina de lo normal, sentía mi corazón salir, pero a pesar de todo, me sentía seguro. Al llegar a la puerta de Occidente, nos dimos con la ingrata sorpresa que las entradas estaban agotadas; a pesar de ello, los revendedores estaban alrededor, no quedaba otra, estábamos tan cerca, y, gastar un poco de más era mejor que irnos sin lograr nuestra meta final.
A pesar de que la noche era muy fría, al entrar al estadio, aquella adrenalina se convirtió en calidez, miles de personas a mi alrededor compartían el mismo amor que yo, sus corazones latían al ritmo de los tambores de la Trinchera Norte, yo sentía que ya no podía respirar más, quería llorar... A pesar de eso, me contuve, buscamos buenos asientos aunque nunca los encontramos xD y esperamos impacientemente que el partido inicie.
El encuentro finalmente empezó y, en realidad, todo el tiempo fue tranquilo, salvo las veces en las que Andy Polo dribleaba y llegaba al arco, provocando el lamento por nuestro infortunio de aquella noche. Aún era cero a cero, hasta que al minuto 88 Ruidíaz es trabado en el área: penal para la U y el estadio estallaba de emoción. Me pongo de pie mientras siento que ni mi corazón ni mis pulmones ni mis lacrimales pueden más. Doce pasos, ¡solo doce pasos para tocar la gloria!, Johan Fano frente a la pelota lanza de la peor manera y el arquero ataja... Aún no puedo describir todo el sinsabor de ese momento, la boca reseca, el grito ahogado de aquella noche, aquel grito que nunca salió, aquel grito que aún espera salir.
Volteando la página pero dejando una marca en aquel capítulo pasado, después de muchos años, la fe en la selección de mi país se renovó en base a un técnico que puso orden en el gallinero y con sangre nueva, además de personajes con experiencia, todos pusieron el alma en cada encuentro de una Copa América en la que nunca fuimos favoritos, ni para superar la etapa de grupos. Hoy quise que mi país ganara pero fuimos eliminados en semifinales, hoy nuevamente me quedé con el grito ahogado, bien guardado en mi pecho, quemando todo mi interior y reviviendo el desagradable sentir de aquel 18 de mayo. Hoy nuevamente todo el sentimiento quiso escaparse por mis ojos, hoy nuevamente me contuve y no me agradó para nada.
Después de mucho tiempo, quiero nuevamente expresar mis ansias, mis sueños, quiero aún gritarlo, quiero ir al Monumental y gritar en vivo los goles de la U que aún no he gritado, mejor si es contra el clásico rival, Alianza Lima, gritar hasta quedarme afónico. Por sobre todo, hoy quisiera una selección clasificada al mundial, a pesar que nunca me dieron esperanzas en los 22 años que tengo de vida, a pesar de los errores del pasado, porque, como diría Maradona, "El fútbol es el deporte más lindo y sano que existe en el mundo. Eso no le quepa la menor duda a nadie. Porque se equivoque uno no tiene que pagar el fútbol. Yo me equivoqué y pagué. La pelota no se mancha". El amor por ese ente esférico sigue en todos, sigue en mí, y quiero ir a Brasil el 2014 con mi selección y deshacerme de este maldito grito ahogado que espero expulsar pronto, quiero pintarme el rostro de rojiblanco, gritar por 90 minutos, que mi voz se pierda con la de otras miles de personas... quiero dejar de contenerme y ser un mar de lágrimas, llorar, pero de alegría y orgullo.
Me voy contento esta noche, el sueño sigue intacto.
No hay comentarios :
Publicar un comentario