Lo genial de este mundo morboso y carnal al extremo es que, hay veces en las que algunas verdades suenan a mentiras mientras que otras mentiras pueden sonar demasiado reales. Es más fácil, ante la pregunta "¿Qué tal tu último polvo/sexo/coito?", utilizar la historia que tu amigo te contó sobre su noche en un prostíbulo, narrándola en primera persona y exagerando un poco, antes de que te crean cuando, con mucha sinceridad, les respondes "soy virgen, incluso de labios"... más aún cuando eres varón.
Y sí, es cierto, soy varón, de 22 años, virgen, incluso de labios, soy más puro que el agua ozonizada. He estado pensando mucho al respecto y he llegado a la conclusión de que soy una lesbiana encerrada en el viril cuerpo de un macho: suficientemente femenino para vivir y respirar romanticismo, suficientemente masculino para que no me gusten otros hombres (ni gustar a ellos). Se me viene a la mente las palabras de muchos amigos, Eduardo diciendo: "vas a la iglesia para que te enseñen a NO ponerla" o Fernando exigiéndome: "gordo, déjate de mariconadas, si te gusta una flaca, lánzate y ya. Tira a cuantas puedas y déjate de rodeos, vive tu edad". La verdad en el asunto es que, yo soy así desde hace mucho, terriblemente romántico, un soñador empedernido, desde mi punto de vista, ligeramente ridículo, algo estúpido.
¿Es muy raro de entender? No quiero vivir muchas experiencias, ya que aún sueño con LA experiencia, con la chica perfecta con un historial similar al mío, quizás caminando por un parque, quizás sobre una colina con vista a la playa, mientras el sol está cayendo, rojo de envidia, o quizás bajo una fría noche de luna llena, despejada y llena de estrellas, cerca a una fogata, abrazados y cubiertos con una manta, en ese momento sentir que nacimos el uno para el otro, acercarnos demasiado, cerrar los ojos y dejar que nuestras lenguas dancen desordenadamente en silencio, hasta que no podamos sostener más la respiración, luego mirarnos, sonreírnos, respirar profundo y volvernos a besar...
Lamentablemente, por otro lado, la realidad me restriega en todo el rostro -y con crueldad- que las cosas no son así, que apostar por el corazón fue siempre mi peor decisión, que sería mucho más fácil ser un patán, saltarme el proceso del cortejo y satisfacer mis ansias con la primera chica que me facilite el paso. Pude haberlo hecho, pero, a pesar de eso, prefiero el camino difícil, sabiendo que el haber declamado un poema en frente de toda la secundaria de un colegio solo fue recompensado con un frío abrazo y un "gracias", sabiendo que regalé una rosa a alguien que 10 minutos después me pidió que me vaya porque tendría problemas con su "ex", sabiendo que un peluche tuvo que pasar más de un año escondido en mi armario porque su destinataria, un 14 de febrero, huyó corriendo al ver el obsequio... sabiendo que, ahora y siempre, seré para ella su "mejor amigo" y nunca me verá como nada más, aunque ella no quiera aceptarlo, por lástima o por temor, ¿quién sabe? Hoy, quisiera saberlo yo.
A pesar de ello, sigo aquí, del modo más masoquista posible, con la ilusión intacta, sintiéndome más ridículo que nunca. Al fin y al cabo, es la decisión que tomé, mi camino a seguir, los principios con los que crecí y moriré. Como me dijo una amiga, "algún día encontrarás a alguna chica tan sonsa como tú que te quiera así como eres"... Al fin y al cabo, ¿qué puedo perder?, ¿el tiempo?, ya se agotó hace mucho para mí...
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