viernes, 20 de abril de 2012

Monólogo de muerte

Las cosas que suceden a mi alrededor siempre suelen darme un tema para pensar, pero, creo que entre todos los temas que pueden dar vueltas por mi cabeza, el que me atormenta con más continuidad es aquel que me recuerda que no soy eterno y que, en realidad, nadie lo es.

Llegar a distraerse y pensar en la muerte no es muy difícil. Si nos ponemos a pensar en ello, ¡nadie quiere morir! Ni siquiera los cristianos que se han portado bien y saben que tienen una promesa de vida eterna después de la muerte; todos quieren estar al lado de Dios, pero nadie quiere estarlo tan pronto (idea que robé de Steve Jobs, por cierto). Si hablo de experiencias personales, suelo ver gente morir, incluso de mi edad. Sin ir muy lejos, hace unas semanas mi instructor de gimnasio, un tipo sano de treinta y algo de años, caminaba de madrugada a unas cuadras de mi casa, cuando en la puerta de su casa fue asesinado con un solo disparo en la cabeza. Nunca hubiera esperado dicho final para alguien que solía ver casi constantemente cerca de mi entorno de vida... Es ahí cuando la pregunta, de repente, se clava en mi cabeza como si fuera un cuchillo muy afilado que incluso me desangra poco a poco: si me muero hoy, ¿me iría feliz? La misma pregunta me hizo hace un mes una amiga, aduciendo que yo suelo solo mirar las cosas malas de la vida y quejarme de lo que hay en mi alrededor... La pregunta desde entonces ha rondado mucho más dentro de mi cabeza y, aunque suene paranoico, no puedo negar que la muerte (que, por cierto, tiene un raro rol protagónico en esta historia) es una vil ladrona que no tiene respeto por nada ni nadie.

Recuerdo dos ocasiones también graciosas al respecto: la primera, sucedió en mi infancia y muchos la conocen. No recuerdo exactamente qué hacía, pero un día en la casa de mis abuelos paternos, en una visita familiar, se plantó en mi cabeza por primera vez la idea de que todos nos hacemos viejos y tenemos que morir algún día. Esa noche lloré mucho, estúpidamente, cuando papá se acercó y le dije: "papá, yo no quiero que mueras nunca, pero te vas a morir antes que yo porque eres más viejo", y él, con un tono algo orgulloso y molesto me dijo: "deja de pensar en tonterías, yo no voy a morir, viviré por mucho tiempo". Dos años después, murió de una enfermedad. Y, aunque era un niño y entiendo las razones de por qué me mintió, ciertamente aún le tengo un poco de enojo por tal falsa aseveración, menos aún sin saber que la realidad sería muy diferente.

La segunda anécdota, fue un poco más, digamos, ¿graciosa?, pero, de todos modos, triste. Algunos la conocen, incluso la conté el día de su entierro. En esta ocasión, sucedió con un amigo de colegio de un grado anterior al mío y que toda mi generación recuerda: Bryan Z.J. Recuerdo que aquel año de su muerte, lo encontré en un billar al que accidentalmente fui. Antes de seguir, quiero dejar en claro que, en esa época, los compañeros de colegio solíamos maltratarnos mutuamente y, además, yo era algo molestoso y repelente, no puedo negarlo. Él me vio y dijo: "puta madre, ahí llegó Lucas -así me decían en el colegio-, no jodas y anda para otro lado oye". Y, en esa época, cuando la gente me fallaba o si me trataban algo mal, solía maldecirles de un modo algo terrorífico y psicópata y, de hecho, esa tarde se lo hice a él: "¿Sabes algo?, te jodiste, ¡ahora mismo te maldigo!, y sí, créeme que de este año no pasas, vas a morir en unos meses y en el otro mundo vas a recordar que a mí no me puedes tratar mal". Nunca me había funcionado, pero aquella vez, hubiera parecido que sí. Dos meses después de aquella tarde que nos vimos, él estaba en un evento con la gente de su promoción en el complejo de mi colegio. De repente, jugaron a jalar soga y los equipos hacían fuerzas para ganar. Él, de repente, se desplomó de la nada, ante la mirada atónita de sus compañeros y, aunque lo llevaron al hospital, llegó sin vida: un aneurisma acabó con él. Desde aquella vez, no volví a bromear de esa manera con nadie. Era un buen amigo y, aunque sé que fue una rara coincidencia, no puedo evitar pensar que quizás provoqué la muerte de alguien... Nunca pensé que, con el tiempo, mis palabras pesarían en mi mente.

Y así es la muerte, una vil ladrona, si no te roba la vida, quizás robe la de la gente a tu alrededor. No puedes evitar pasar de ella, siempre estará ahí para hacerte sentir su presencia, esperando el momento adecuado para hacerte una visita o darte un bonito aviso recordatorio. De todos modos, creo que con tanto acercamiento que he tenido con ella, quiero creer que tenemos un ligero pacto en el que por ahora no me llevará, mamá aún me necesita bien. De todos modos, regresa mi terrible pregunta inicial, ¿me iría feliz? Y la respuesta es algo larga, pero simple: por un lado, sí, porque hasta el día de hoy, viví, reí, busqué conocer todo cuanto pude y experimenté casi todos los amores que existen en este mundo, llámese maternal, paternal -aunque por un corto tiempo-, fraternal -con amigos por quienes daría la vida y que sé que darían la vida por mí, o al menos llorarían si me fuera-. Por otro lado, no me quiero ir, porque siempre hay algo nuevo en la vida, lugares y personas que conocer, así como lugares y personas con las que aún quiero frecuentar y, por sobre todo, esa promesa aún no cumplida que tiene la vida conmigo, la persona con la que despertaré cada día en el futuro de mi vida, y los niños que, algún día, me llamarán papá. Tengo muchas promesas que cumplir y otros sueños por realizar. Hoy es cuando tengo más ganas de vivir y disfrutar cada segundo que siga de aquí en adelante.

Por cierto, si alguien me lee y también se pregunta lo mismo que yo hoy, les sugiero este vídeo del que robé algunas ideas para lo que siga, de aquí en adelante, en mi vida:

miércoles, 18 de abril de 2012

La presencia de tu ausencia

Tú y yo solemos decir que no importa la cantidad de tiempo que pasemos juntos, sino la calidad y la alegría en cada segundo que podemos hacerlo. De todos modos, no podemos negar que tú no estás aquí ni yo allá, y que muero porque las cosas no fueran así.

Es algo complicado sobrellevar esto, vivir tan solo con los recuerdos felices en donde tú y yo reímos juntos, tratar de recrearlos en mi mente y sentir que las puedo vivir otra vez... Aún siento la marca de tus brazos quemando mi cuello y esa fragancia de madera colándose por mis pulmones. Creo que podría retratar la ligera curvatura de tu cintura con mis manos, hacer con ella una hamaca y así poder reposar para seguir soñándote despierto, imaginando que puedo seguir persiguiendo tu mirada con la mía hasta que ya no puedas más y te ruborices, o quizás encontrando un nuevo punto en tu cuerpo donde mis dedos te provoquen una nueva y graciosa carcajada.

Y, con todo ello, soñar se me hace algo demasiado mezquino para con mi corazón, cuando podríamos vivir muchas más cosas que aún nos faltan. Tenemos demasiado por hacer junto y, la imaginación es genial para llenar lo aún no realizado, pero prefiero vivirlo, ¡quiero vivirlo!, para cuando sigamos lejos tan solo tenga que recordar sensaciones, y no imágenes. Quisiera saber el aroma de tu pelo por la noche, mientras duermes recostada en mi pecho, el áspero de la arena mojada y tú y yo caminando por la playa en el ocaso, la suavidad de tu piel, el frío del viento, el calor de tus brazos cuando te tenga abrazada en el invierno... Quisiera ver cómo cambias con el tiempo y te haces cada vez más hermosa para mis ojos, acariciarte tanto para que pueda ser la excusa de las futuras arrugas de tu piel....

Tú y yo solemos decir que no importa la cantidad de tiempo que pasemos juntos... Y aún así, quiero más, necesito más, me niego a estar un segundo más lejos de ti, a desperdiciar mi vida viviéndola en tu ausencia. Pero, ya que no es posible luchar con ello por ahora, me conformaré, al menos, con que seas la dueña de mis pensamientos, aquí.


domingo, 15 de abril de 2012

El misterio de las amistades

Y sí, es un misterio, uno demasiado hermoso. Las mejores amistades son aquellas que no sabes cómo rayos empiezan, simplemente se dan del modo más gracioso que pueda existir y, de repente, te encuentras tan metido en la vida de ellos que, no sabes cómo pero, su alegría se convierte en TU alegría.

Tengo un caso muy anecdótico en mente y, para ello, si vas a continuar después del punto seguido, te recomiendo una mente liberal y que consideres que algunos tomamos amistad y libertad de modos algo fuera de la imaginación. Y, es una historia algo larga, hoy desperté con ganas de escribir y escribir, pero, vale la pena leerla, porque la mayoría de cosas en la vida no tienen explicación, pero cuando se concretan, son hermosas. "Ella" me agregó de la nada por Facebook -sí, la red social-, aunque dice que yo lo hice en realidad. La verdad esos detalles ya no importan. De todos modos, pasamos meses sin conversar, siendo simplemente dos contactos que se tenían a sí mismos y nada más, aunque, ocasionalmente, ella mostraba su aprecio hacia las publicaciones e ideas mías a través de la forma más común: dando "me gusta". No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que accidentalmente conversamos, pero fue gracioso saber que tenía más edad que yo, pero aparentaba muy bien ello, al punto de parecer de 18 años. La idea fue que, las cosas poco a poco empezaron a ser, ¿cómo decirlo?, ¿mejores?, o quizás interesantemente peores...

Un día, de la nada, todo nuestro raro gozo nocturno se desató con temas tan banales como mi aún existente castidad, su primer enamorado, su no virginidad y la pregunta detonante: "¿tu primera vez?". Y la verdad, no he tenido amiga que me relate su vida como si fuera un texto erótico de la manera que lo hizo ella. La sensualidad y sinceridad con la que relataba aquella ocasión y aquellos raros fetiches de pareja que solía tener ella con su ex eran, ¿por qué negarlo?, una lectura placentera. Poco a poco nos fuimos convirtiendo en una especie de rara pareja de tentaciones cibernéticas: a mí me gustaba leerla, de hecho, sentía cierto placer con ello, ¿y ella?, le gustaba saber que despertaba esos deseos en alguien.

De todos modos, siempre hay mucho más que compartir que historias de clasificación R en las madrugadas pasadas las 3 am. Yo en aquellos tiempos tenía alguien por quien hubiera dado mi vida y ella, pues, tenía un enamorado no tan especial, pero querido, que no vivía en la ciudad. Yo solía contarle mis historias sobre ella, mis estupideces que hice por amor, y mis sueños noveleros sobre el futuro, mientras ella me respondía "rayos, qué idiota y cursi, un día de estos te va a joder la vida y ahí te quiero ver, dale, aprovecha ahora, agarra y tira con quien desees", a lo que le respondía "cuando quieres de verdad, tu mundo se reduce a una sola persona, y no quieres nada más con otra sino con ella". De hecho, esta amiga cuando la conocí se ofreció a quitarme algunas de mis bonitas partes castas, pero no acepté, a pesar que, quizás, muy en el fondo sí lo deseaba. ¡Vamos! ¡Soy de carne! Pero aún así, tenía cerebro y un corazón algo renegado.

Recuerdo nuestra salida más aproximada, fue para su cumpleaños. Ella había terminado con su enamorado un par de días atrás y necesitaba un amigo. Fuimos al karaoke y ella encontró paz con el alcohol. Aquella noche, aunque tuve su rostro muy cerca del mío con sus labios encorvados y bailamos demasiado pegado una bachata (así como lo leen) en la que sentí como nuestras pelvis rozaban lentamente con el ritmo, no pasó nada, ¡no pregunten cómo! A veces tengo voluntad de roca, jajaja. De repente, empezó a llorar, el alcohol hizo que su corazón acabe de romperse. La abracé y le dije "¿Sabes?, todo en esta vida tiene una razón para darse. Sé que las cosas se solucionarán con tu galán si es que Dios lo quiere así.", y le besé la frente, y ella se quedó dormida en mi brazo. Y aunque ella estaba algo cariñosa y abrazada a mí, la llevé a su casa, toqué la puerta y la dejé con algún familiar que no sé exactamente quién era... Para mi sorpresa y alegría -por qué negarlo-, unos días después ella regresó con su enamorado y, a ciencia cierta, las cosas mejoraron mucho con dicho pequeño rompimiento, al punto que ella se robó de mí un principio que le compartí: el esperar a alguien -él- y querer las cosas que valen la pena en la vida solo con él y nadie más que él.

Quizás el punto crítico de la historia se da con su enamorado en una ciudad cercana y ella deseando verlo antes que se vaya del país, aunque eso implique ir en contra de lo que su familia quería evitar. Recuerdo la tristeza en sus palabras y, quizás, el consejo más duro y radical que di en mi vida a alguien: "oye, él se va, y ya tienes edad como para decidir por ti misma. Dale, toma acciones por ti misma, solo por esta vez". Ella decidió escaparse de casa para ir a Lima por ese pequeño consejo, y con un pequeño préstamo que le hice para la compra de los pasajes y algunos viáticos. Entonces, yo, como autor intelectual de ello, me sentí con la responsabilidad y el gozo de ayudarla como amigo, acompañándola desde el momento que salió de casa hasta la hora en que su bus partió de la ciudad, digamos, desde las 5 am hasta las 11 am. Y mientras caminábamos por la ciudad aún somnolienta hacia el mercado central para desayunar, mi mente me susurraba "oye, ella es la chica que te calentaba la noche, y ahora, mírate, siendo un cómplice de una locura de amor suya, ayudándola a forjar, quizás su destino... ¿Te imaginabas eso?", y, la verdad, nunca me lo imaginé, pero me gustaba tal situación y mucho, porque me di cuenta que, sin querer, hice una verdadera amistad.

Hace unas semanas, fue algo inicialmente duro pero luego hermoso, enterarme que ella estaba esperando un hijo de aquel enamorado cuya relación se vio fortalecida con ideas que, quizás en parte, nacieron de mí. Fue genial saber que ella, a pesar de todo, tendría al niño, aunque aún no sabía como contárselo al futuro abuelo -su padre-, ¿y yo?, me sentía como el padrino aún no nombrado, escuchando su alegría y sintiéndola como mía. En ese momento cercano, fue genial de ella que me diga -no exactamente con estas palabras- "¿Sabes? Antes te consideraba un idiota por aquellas historias y locuras que me contabas, y tus principios y el querer esperar a esa chica, pero, ahora me he dado cuenta que no son tonterías, que las cosas son mejores cuando no es algo vacío, cuando lo haces con la persona que amas, y ahora solo quiero esperarlo a él y que sea él y nadie más que él". Mi trabajo tuvo frutos, buenos frutos... Y claro, yo le dije "bien, me has alegrado las noches desde que te conocí, es hora de que yo haga cosas por ti ahora, al final, todo en el mundo da vueltas". Ahora soy como un "tío" que tiene mucho que hacer, como llevar a la madre a comer papa rellena y otros antojos que en estos 7 u 8 meses que vienen aparecerán. Debo llevar a mi "sobrino" a ver a la U jugar en el mansiche antes que nazca y, comprar un bonito polo a "ella", bien ancho, que diga "soy cremita desde la pancita de mami". Rayos, que soy feliz, si es que hay un Dios ahí arriba, debe quererme demasiado para darme tantas enseñanzas en la vida y tanta gente que hace mi mundo un lugar más precioso.

Y es que, la amistad es como una semilla, siémbrala y cultívala, luego disfruta de la cosecha, la más importante de tu vida, porque los amigos son así y uno debe hacer todo por el bien de ellos, quizás a veces a costa de uno mismo, quizás incluso, si fuera necesario, hasta alejarse de ellos, aunque duela mucho... Como sea -y como ya intenté mostrar hoy-, sé que si hacemos lo correcto, finalmente hallaremos la alegría, solo hay que esperarla o buscarla. Sé que al final del camino hay una sonrisa que espera plantarse en nuestros rostros y dar un bonito brillo a esta esencia tan efímera pero, a la vez, profunda que conocemos, simplemente, como "vida".

domingo, 8 de abril de 2012

Domingo de "resurrección"

Cuidado con confundirse con el título que he utilizado. Simplemente, al acabar la semana estoy intentando recordar todo lo que he hecho últimamente y, aunque suene algo raro, se me ha hecho muy gracioso que en las últimas 3 semanas he salido continuamente, todos los sábados y, de modo adicional, lo hice también este miércoles, jueves y viernes...

¿Qué puedo decir? han sido las mejores semanas de lo que va del año, he hecho tantas cosas -tantas que este espacio me quedaría pequeño para retratarlas- que he querido, al finalizar esta semana salvaje, resumirlo de este modo: gastar mucho dinero en una sola noche... beber y fumar hasta morir, hasta ya no poder estar más de pie... tratar de gilear -cortejar- con toda chica sexy que veas, tener éxito con varias de ellas, besarlas y llevarlas a otro lado antes que acabe la noche solo para compartir una cama o, en el peor de los casos, un muro... Sentir dolor de hígado a las 6 de la mañana , luego llegar a rastras a la cama y finalmente despertar con un raro pero placentero mareo a causa de la resaca... Solo bromeaba. La verdad, NADA de lo antes mencionado me fue necesario para que sean tiempos geniales. Lo único que necesité fueron amigos, buenos amigos, que quisieron pasarla bien conmigo, así como una buena excusa para celebrar que la vida es demasiado hermosa, que los errores y problemas se hicieron para aprender y reírte de ellos cuando los superes. Porque, el tiempo es poco, y la felicidad está ahí, esperando a que abras la puerta. Lo mejor de todo es que, no necesité cambiar mi forma de ser para sonreír, solo cambiar el entorno que me rodeaba. No podría ser más feliz.

Ah, y claro, un buen brindis nunca está de más. Nada tan genial como el sonido al chocar el vidrio de las copas de los buenos amigos reunidos... Y, aunque suene muy cliché, ¡salud por la vida!