¿Qué puedo decir? han sido las mejores semanas de lo que va del año, he hecho tantas cosas -tantas que este espacio me quedaría pequeño para retratarlas- que he querido, al finalizar esta semana salvaje, resumirlo de este modo: gastar mucho dinero en una sola noche... beber y fumar hasta morir, hasta ya no poder estar más de pie... tratar de gilear -cortejar- con toda chica sexy que veas, tener éxito con varias de ellas, besarlas y llevarlas a otro lado antes que acabe la noche solo para compartir una cama o, en el peor de los casos, un muro... Sentir dolor de hígado a las 6 de la mañana , luego llegar a rastras a la cama y finalmente despertar con un raro pero placentero mareo a causa de la resaca... Solo bromeaba. La verdad, NADA de lo antes mencionado me fue necesario para que sean tiempos geniales. Lo único que necesité fueron amigos, buenos amigos, que quisieron pasarla bien conmigo, así como una buena excusa para celebrar que la vida es demasiado hermosa, que los errores y problemas se hicieron para aprender y reírte de ellos cuando los superes. Porque, el tiempo es poco, y la felicidad está ahí, esperando a que abras la puerta. Lo mejor de todo es que, no necesité cambiar mi forma de ser para sonreír, solo cambiar el entorno que me rodeaba. No podría ser más feliz.
Ah, y claro, un buen brindis nunca está de más. Nada tan genial como el sonido al chocar el vidrio de las copas de los buenos amigos reunidos... Y, aunque suene muy cliché, ¡salud por la vida!

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