Tal vez esperé mucho de ti, o tal vez, fui yo quien dio demasiado cuando realmente no debí hacerlo. A la larga, buscar culpables se vuelve una tontería a estas alturas, creo que ambos tenemos un poco, sin lugar a dudas. Mis razones, aunque egoístas, sabes que son verdaderas, y aunque te duela, lucharé por ellas. Me duele lo que decidiste para contigo misma aquel día, me duele ver en lo que -pregonas públicamente- te has vuelto, y por eso me voy en una profunda agonía. Soportaría ver destruirse al mundo, pero a ti no. Sabes cuánto te quiero, sabes todo lo que he hecho por ti, y si me voy, no lo tomes como orgullo, es por respeto a mí mismo, porque ambos sabemos todo lo que he hecho por ti, y, te aseguro, nadie en este mundo -salvo tu familia- va a quererte como lo hice yo. Nadie va a derramar las lágrimas que derramó por ti, como lo hice yo. Nadie va a estar a tu lado y tratar de hacerte sonreír, hasta cuando seas altamente repelente y agresiva, como lo hice yo. Nadie te conoció como eras antes e influyó para que seas lo que eres ahora, y siguió cuidando tus principios, más allá de sus intereses personales, poniendo tu vida por encima de la suya misma, y por enésima vez, como lo hice yo.
Tal vez no me olvides. La verdad, no deseo que lo hagas. Yo tampoco lo haré. Vivimos demasiadas cosas bonitas, planeamos y nos prometimos tantas cosas que quizás ahora nunca se den. Aún así, trata de recordar siempre las cosas buenas que nos juntaron, los principios que, accidentalmente compartimos, porque, el mundo puede acabarse, pero lo que somos en el fondo es como una semilla que regamos desde que nacemos, se hace gigante como un árbol y que duele, y mucho, cuando, por las razones equivocadas, la derrumbamos. No olvides eso nunca.
Tal vez llores, aunque afirmes ser la señorita Sin Sentimientos, para que las cosas que te afecten solo sean un acumulado más que se guarda en tu vida y ennegrece más tu triste alma. Y no te confundas, ¿llorar por mí?, no lo creo. No he hecho nada para que llores y lo último que quisiera en este mundo es ser el culpable de una lágrima tuya. Si alguna vez en el futuro recuerdas todo lo que vivimos y lloras, no será por mí, sino por ti, por lo que nunca te esforzaste por sentir, por preferir buscar aquello en cualquier persona menos en mí, por creer que la carne y la atracción van por encima de lo que sabes que no quisieras perder nunca en tu vida, aunque dijiste mil veces que me querías y me detallaste un millón de veces cómo por mí te sentías. Me hiciste unas hermosas alas, quizás las únicas que tuve en mi vida, y, mírame ahora, acá en el suelo, aprendiendo nuevamente a caminar. Y la verdad, al menos ya estoy de pie, caminando. Sería genial si algún día me alcanzas y me dices aquello que sabes que espero escuchar de ti, sino, por favor, no regreses ni me hables como si nada hubiera pasado, porque sí ha pasado algo, porque quise ser la solución en tu vida, pero al contrario, solo te volviste el más grande dolor en la mía.
Tal vez algún día regreses, tal vez ahora mismo me extrañes... O tal vez, todo esto es tan solo el modo de hacer que ya no me duela tanto. En caso no vuelvas, quédate con los recuerdos de una cocina y un abrazo inesperado, el minuto más hermoso de mi vida.
Si es que es de Dios, hasta pronto... Sino, sé que serás feliz, aunque sea viéndome a mí feliz.
Y por mi parte, prometo que No hago literatura no tendrá más entradas tristes por un buen tiempo.
No hay comentarios :
Publicar un comentario