domingo, 15 de abril de 2012

El misterio de las amistades

Y sí, es un misterio, uno demasiado hermoso. Las mejores amistades son aquellas que no sabes cómo rayos empiezan, simplemente se dan del modo más gracioso que pueda existir y, de repente, te encuentras tan metido en la vida de ellos que, no sabes cómo pero, su alegría se convierte en TU alegría.

Tengo un caso muy anecdótico en mente y, para ello, si vas a continuar después del punto seguido, te recomiendo una mente liberal y que consideres que algunos tomamos amistad y libertad de modos algo fuera de la imaginación. Y, es una historia algo larga, hoy desperté con ganas de escribir y escribir, pero, vale la pena leerla, porque la mayoría de cosas en la vida no tienen explicación, pero cuando se concretan, son hermosas. "Ella" me agregó de la nada por Facebook -sí, la red social-, aunque dice que yo lo hice en realidad. La verdad esos detalles ya no importan. De todos modos, pasamos meses sin conversar, siendo simplemente dos contactos que se tenían a sí mismos y nada más, aunque, ocasionalmente, ella mostraba su aprecio hacia las publicaciones e ideas mías a través de la forma más común: dando "me gusta". No recuerdo bien cuándo fue la primera vez que accidentalmente conversamos, pero fue gracioso saber que tenía más edad que yo, pero aparentaba muy bien ello, al punto de parecer de 18 años. La idea fue que, las cosas poco a poco empezaron a ser, ¿cómo decirlo?, ¿mejores?, o quizás interesantemente peores...

Un día, de la nada, todo nuestro raro gozo nocturno se desató con temas tan banales como mi aún existente castidad, su primer enamorado, su no virginidad y la pregunta detonante: "¿tu primera vez?". Y la verdad, no he tenido amiga que me relate su vida como si fuera un texto erótico de la manera que lo hizo ella. La sensualidad y sinceridad con la que relataba aquella ocasión y aquellos raros fetiches de pareja que solía tener ella con su ex eran, ¿por qué negarlo?, una lectura placentera. Poco a poco nos fuimos convirtiendo en una especie de rara pareja de tentaciones cibernéticas: a mí me gustaba leerla, de hecho, sentía cierto placer con ello, ¿y ella?, le gustaba saber que despertaba esos deseos en alguien.

De todos modos, siempre hay mucho más que compartir que historias de clasificación R en las madrugadas pasadas las 3 am. Yo en aquellos tiempos tenía alguien por quien hubiera dado mi vida y ella, pues, tenía un enamorado no tan especial, pero querido, que no vivía en la ciudad. Yo solía contarle mis historias sobre ella, mis estupideces que hice por amor, y mis sueños noveleros sobre el futuro, mientras ella me respondía "rayos, qué idiota y cursi, un día de estos te va a joder la vida y ahí te quiero ver, dale, aprovecha ahora, agarra y tira con quien desees", a lo que le respondía "cuando quieres de verdad, tu mundo se reduce a una sola persona, y no quieres nada más con otra sino con ella". De hecho, esta amiga cuando la conocí se ofreció a quitarme algunas de mis bonitas partes castas, pero no acepté, a pesar que, quizás, muy en el fondo sí lo deseaba. ¡Vamos! ¡Soy de carne! Pero aún así, tenía cerebro y un corazón algo renegado.

Recuerdo nuestra salida más aproximada, fue para su cumpleaños. Ella había terminado con su enamorado un par de días atrás y necesitaba un amigo. Fuimos al karaoke y ella encontró paz con el alcohol. Aquella noche, aunque tuve su rostro muy cerca del mío con sus labios encorvados y bailamos demasiado pegado una bachata (así como lo leen) en la que sentí como nuestras pelvis rozaban lentamente con el ritmo, no pasó nada, ¡no pregunten cómo! A veces tengo voluntad de roca, jajaja. De repente, empezó a llorar, el alcohol hizo que su corazón acabe de romperse. La abracé y le dije "¿Sabes?, todo en esta vida tiene una razón para darse. Sé que las cosas se solucionarán con tu galán si es que Dios lo quiere así.", y le besé la frente, y ella se quedó dormida en mi brazo. Y aunque ella estaba algo cariñosa y abrazada a mí, la llevé a su casa, toqué la puerta y la dejé con algún familiar que no sé exactamente quién era... Para mi sorpresa y alegría -por qué negarlo-, unos días después ella regresó con su enamorado y, a ciencia cierta, las cosas mejoraron mucho con dicho pequeño rompimiento, al punto que ella se robó de mí un principio que le compartí: el esperar a alguien -él- y querer las cosas que valen la pena en la vida solo con él y nadie más que él.

Quizás el punto crítico de la historia se da con su enamorado en una ciudad cercana y ella deseando verlo antes que se vaya del país, aunque eso implique ir en contra de lo que su familia quería evitar. Recuerdo la tristeza en sus palabras y, quizás, el consejo más duro y radical que di en mi vida a alguien: "oye, él se va, y ya tienes edad como para decidir por ti misma. Dale, toma acciones por ti misma, solo por esta vez". Ella decidió escaparse de casa para ir a Lima por ese pequeño consejo, y con un pequeño préstamo que le hice para la compra de los pasajes y algunos viáticos. Entonces, yo, como autor intelectual de ello, me sentí con la responsabilidad y el gozo de ayudarla como amigo, acompañándola desde el momento que salió de casa hasta la hora en que su bus partió de la ciudad, digamos, desde las 5 am hasta las 11 am. Y mientras caminábamos por la ciudad aún somnolienta hacia el mercado central para desayunar, mi mente me susurraba "oye, ella es la chica que te calentaba la noche, y ahora, mírate, siendo un cómplice de una locura de amor suya, ayudándola a forjar, quizás su destino... ¿Te imaginabas eso?", y, la verdad, nunca me lo imaginé, pero me gustaba tal situación y mucho, porque me di cuenta que, sin querer, hice una verdadera amistad.

Hace unas semanas, fue algo inicialmente duro pero luego hermoso, enterarme que ella estaba esperando un hijo de aquel enamorado cuya relación se vio fortalecida con ideas que, quizás en parte, nacieron de mí. Fue genial saber que ella, a pesar de todo, tendría al niño, aunque aún no sabía como contárselo al futuro abuelo -su padre-, ¿y yo?, me sentía como el padrino aún no nombrado, escuchando su alegría y sintiéndola como mía. En ese momento cercano, fue genial de ella que me diga -no exactamente con estas palabras- "¿Sabes? Antes te consideraba un idiota por aquellas historias y locuras que me contabas, y tus principios y el querer esperar a esa chica, pero, ahora me he dado cuenta que no son tonterías, que las cosas son mejores cuando no es algo vacío, cuando lo haces con la persona que amas, y ahora solo quiero esperarlo a él y que sea él y nadie más que él". Mi trabajo tuvo frutos, buenos frutos... Y claro, yo le dije "bien, me has alegrado las noches desde que te conocí, es hora de que yo haga cosas por ti ahora, al final, todo en el mundo da vueltas". Ahora soy como un "tío" que tiene mucho que hacer, como llevar a la madre a comer papa rellena y otros antojos que en estos 7 u 8 meses que vienen aparecerán. Debo llevar a mi "sobrino" a ver a la U jugar en el mansiche antes que nazca y, comprar un bonito polo a "ella", bien ancho, que diga "soy cremita desde la pancita de mami". Rayos, que soy feliz, si es que hay un Dios ahí arriba, debe quererme demasiado para darme tantas enseñanzas en la vida y tanta gente que hace mi mundo un lugar más precioso.

Y es que, la amistad es como una semilla, siémbrala y cultívala, luego disfruta de la cosecha, la más importante de tu vida, porque los amigos son así y uno debe hacer todo por el bien de ellos, quizás a veces a costa de uno mismo, quizás incluso, si fuera necesario, hasta alejarse de ellos, aunque duela mucho... Como sea -y como ya intenté mostrar hoy-, sé que si hacemos lo correcto, finalmente hallaremos la alegría, solo hay que esperarla o buscarla. Sé que al final del camino hay una sonrisa que espera plantarse en nuestros rostros y dar un bonito brillo a esta esencia tan efímera pero, a la vez, profunda que conocemos, simplemente, como "vida".

No hay comentarios :

Publicar un comentario