miércoles, 24 de octubre de 2012

Seguridad urbana

Para ser sincero, hoy simplemente no podía dormir y, para colmo, tengo clases a las 7 a.m., es por ello que tengo miedo de cerrar los ojos y, accidentalmente, no volver a abrirlos hasta el mediodía -los odio, profesor y universidad, por arruinar así mi vida una vez a la semana-. Es por eso que me veo en la bonita y agradable obligación de hacer hora escribiendo hasta las 6. Afortunadamente, hace unos días, una amiga que también vive en mi ciudad me dio la idea en la que quiero ahondar hoy: la delincuencia en la ciudad y cómo lidiar con ella...

domingo, 14 de octubre de 2012

Divino uso de razón

Antes de empezar, quiero pedir a mis amigos cristianos y católicos un poquito de tolerancia y algo de paciencia al leer esta entrada. Traten de llegar al final de este texto porque podría fortalecer su fe o mandarla abajo. Al fin y al cabo, quien tiene convicción de lo que cree, no teme en leer las opiniones de otro, especialmente de alguien que alguna vez perteneció a los suyos.

Y es que, hoy, estuve toda la madrugada muy nostálgico, pensando en todas las cosas que he cambiado desde hace unos 5 meses en adelante. Quizás, el cambio más grande que he tenido, sea el haber dejado mi vida cristiana -en la que por 3 años estuve muy, pero muy metido- y volver a mi vida de agnosticismo investigativo -en el trayecto de este texto explicaré a lo que me refiero-. En realidad, cada vez que me detengo por un momento a pensar en todas las ideologías y doctrinas por las que he pasado, me doy cuenta que a veces me he movido en puntos muy radicales, pero que, al fin y al cabo, siempre conservé algo bueno de cada época. Esta no ha sido la excepción y, definitivamente, no me avergüenzo ni siento que haya sido un desperdicio el haber estado tan comprometido con una iglesia cristiana evangélica como alguna vez estuve.

Para resumir mi vida: nací y crecí católico, a los 13 me entro una rara onda de creerme satánico escuchando música metal (creo que todos tenemos un tiempo de idiotas así), a los 15 me hice ateo, a los 19 cristiano evangélico y ahora, soy un simple agnóstico en búsqueda de conocimientos. El punto es que hoy ahondaré en mis últimos 3 años. Una amiga me invitó a formar parte de una iglesia cristiana (lo que todos conocen como evangélica), inicialmente iba a las reuniones de los sábados porque simplemente no tenía nada que hacer. Era divertido y era gratificante. No sé cómo en realidad llegué a meterme tan profundamente en esa vida, al punto que aquella amiga que me llevó se fue de la iglesia después de un año y yo seguí asistiendo y aprendiendo más de temas sobre la Biblia, Dios, Jesús, vida eterna, fe y otras cosas a las que nunca pensé darles tanta importancia. Llegué a compenetrarme tanto, que prácticamente llegué a ser líder del grupito de jóvenes y formaba parte del grupo de alabanza, aquel grupo musical que toca todos los domingos y se pone a adorar frente a toda la gente a Dios, y donde hay alguien que grita "gracias Padre, levanta las manos y dile cuánto lo amas". Era, en gran parte, genial, pero, cuando vas aprendiendo más y más sobre algo, es cuando descubres aquello que no es bonito y pacífico, aquello que puede tirar tus creencias abajo. Ya lo decía Donald Morgan: "una lectura y entendimiento completos de la Biblia son el camino más seguro al ateísmo", aunque no soy ateo, pero a  eso llegaré luego.

Siguiendo con el relato, mis líderes del grupo de jóvenes, hijos de los Pastores de mi iglesia, se fueron poco a poco y, de repente, la responsabilidad empezó a recaer en las siguientes personas más aptas, y ahí estaba yo. Se me delegaron responsabilidades nuevas que acaté con gusto, pero también se me pidió cumplir a cabalidad con todas las creencias cristianas. Hasta ese momento, yo era un cristiano a medias: me gustaba tomar lo que me parecía correcto y tratar de evitar, si es que podía, otras cosas.

Una cosa con la que choqué, respecto a las cosas que me exigían, fue en ser aquella persona del grupo de alabanza que grita y trata de extasiar a la gente. Me sentía muy incómodo al hacerlo, no me era natural. La otra era "hablar en lenguas" (ejemplo aquí), o sea soltar la lengua y "balbucear" lo que sea, o mejor dicho, dejar que el corazón hable, porque ese es el lenguaje del corazón, aunque yo decía siempre a mi pastora que mi corazón hablaba español. Otra cosa era dar el diezmo porque Dios pedía tributo, aunque no sabía como le llevaban el dinero a Dios, pero yo daba de todos modos porque me gustaba ver mi iglesia bonita y confiaba en la transparencia de mis pastores. Pero, el punto que más me chocó era tener que considerar a la Biblia y TODO lo que está escrito ahí como una verdad absoluta... Las razones, a continuación:

- Siempre pensé que este es un libro que en muchas partes se contradice. (ejemplos aquí)
- Es machista al extremo. Si no me crees, lee 1 Timoteo 2:11-15, en donde dice que una mujer debe quedarse calladita y agachar la cabeza ante los varones por ser culpable de que no estemos en un paraíso, además que para salvarse solo debe engendrar niños. Hay varios versículos parecidos.
- Es homofóbico (Levíticos 18:22 y otros), incluso no puedes tener el pelo largo si eres hombre, eso es deshonroso, porque eso es solo para mujeres  (1 Corintios 11:14).
- Prácticamente no puedes comer nada porque todo es comida impura (Levítico 11)
- El Dios de amor tiene un largo historial de asesinatos a través de todo el Antiguo Testamento, solo porque la gente adoraba a otras cosas. Entonces matar en nombre de Dios era santo, un gozo.

Y sí, estoy tomando cosas del Antiguo Testamento y, según enseñan las autoridades, esa parte de la Biblia no debe usarse, pero eso solo es respetado cuando les conviene y muchas veces usan pasajes del Antiguo Testamento para sermonearnos. Entonces, ¿para qué nos dicen que debemos creer en todo lo que dice este libro, cuando ni ellos mismo lo hacen? Yo considero que la Biblia tiene cosas geniales para aprender, pero, solo eso, como todo libro.

Voy a hacer hincapié en algo bastante gracioso y es en "la vida después de la muerte", y lo digo gracioso, porque muchos creyentes demuestran que no son tan creyentes cuando llegamos a este punto de discusión. Muchos entierran a sus muertos y piden que los cuiden desde el cielo. Otros se portan bien porque creen que al morir despertarán en el paraíso con toda la gente que se les murió y vivirán felices y sin dolor eternamente, pero, ¿donde dice eso en la Biblia? Este libro nos dice (son varios versículos así que resumiré, pero pueden ver los detalles dando click en este link) que al morir, si somos buenos, al final de los tiempos volveremos convertidos en seres espirituales, sin recuerdos de nada de lo que hicimos en la Tierra, y que pasaremos la eternidad adorando a nuestro Dios que del modo más soberbio nos creó solo para que le digamos "eres el mejor, te amamos" hasta el fin de los tiempos. No sé, se me hace aburrido pensar que pasaré la eternidad tan solo adorando a Dios día y noche. Lo divertido de vivir es no caer en la rutina y en sentir, alegrarse, sufrir... Vivir. Por eso mejor prefiero seguir mi vida tal y como la vivo ahora, disfrutando del presente de modo responsable y descubriendo cosas nuevas, aunque eso signifique que, por algunos detalles ínfimos, pierda mi vida eterna.

No soy ateo, porque aún creo en un Dios, pero definitivamente no es el Dios de nuestras biblias. Me gusta, a veces, cuando hay cosas que se me van de las manos -como por ejemplo cuando estoy de viaje y el auto anda al lado de un barranco- decir "Dios no quiero morir, ¡hazte una!", pero luego, nada más. Tener fe es genial, pero la misma Biblia dice que fe sin obras no vale nada. Por eso prefiero vivir un agnosticismo investigativo: no quedarte con dogmas, sino buscar la verdad de la vida, la que nos dice que no es bueno vivir en incertidumbre. Entonces, cuando llegas a tener convicción de tus conocimientos y habilidades y crees que puedes lograr lo que quieras con un poco de autodeterminación, pueden llegar a acostumbrarte a valerte de ti mismo y olvidarte de la fe, simplemente buscar lo que quieres. De todos modos, me es interesante hablar con Dios a veces, como si fuera un amigo imaginario, aunque los ateos dicen que "creer en Dios y no en la Biblia, es como decir que crees en Bugs Bunny pero no en los Looney Tunes", pero en realidad, Bugs Bunny es casi un héroe que también me ha enseñado cosas geniales para la vida, así como otros seres ficticios de libros y televisión. La Biblia es un libro con conceptos geniales como, por ejemplo, servir para ser un buen líder y enseñar con el ejemplo y otras cosas más, pero por lo general todas esas cosas podríamos aprenderlas a la larga simplemente viviendo y con un poco de sentido común. ¿Quieres ejemplos? Uno no debe beber ni fumar mucho porque a la larga es malo para la salud. Uno no debe tener sexo con cualquier persona porque puede contagiarse de enfermedades o provocar embarazos no deseados. Uno no debe mentir porque, a la larga, las mentiras se descubren y son mucho más dolorosas que cuando debías decirlas inicialmente.

De todos modos, justifico la existencia de las creencias religiosas. Hay gente que no puede valerse por si misma y necesita del miedo para actuar coherentemente sin arruinarse la vida ni arruinar la de otros. Hay gente con autoestima baja y que, cuando se sienten solos, necesitan creer que un Dios los ama. Así que, es bueno que existan las religiones, pero, por favor, no impongan sus creencias ni menosprecien a otros, porque la tolerancia es vital para vivir en armonía. Pónganse a pensar que a muchos de ustedes se les impuso esa creencia hacia el Dios cristiano desde el día en que nacieron y que son aproximadamente el 33% de las personas en el mundo. Así también, como ustedes, hay islámicos (22%) e hindúes (13%) cuyas creencias les fueron impuestas y que, nuevamente como ustedes, también creen tener la razón.

En conclusión y para finalizar, todos somos dueños de una creencia. Entonces, lo peor que podemos hacer es tratar de obligar a que otro crea en lo que nosotros consideramos como verdad. El mejor modo de que una persona cambie de opinión o fortalezca la opinión que ya tiene es buscando la verdad por sí mismos. La sabiduría abre los ojos. Respeto a mis amigos católicos, evangélicos e incluso a los que son judíos, pero, al menos, se debe profundizar en lo que se dice creer y no se creerse dueños de una verdad absoluta que, muchas veces, ni el creyente mismo conoce bien. Si fuera por mí, diría, solo vivan y olvídense de las etiquetas y creencias que nos separan más que lo que nos une... Etiquetas que hacen más guerras que paz... Pero, creo que ese mundo que deseo es, por ahora, algo utópico que será solo un hermoso sueño al menos por un largo plazo... Un sueño que algunos locos y románticos tenemos, un sueño que suena tan fácil pero a la vez es demasiado difícil.

viernes, 5 de octubre de 2012

Tecnología (parte 1): historias de *abuelito*

Una de las cosas más geniales de esta mitad de año es, posiblemente, el hecho de llevar cursos universitarios que, de algún modo u otro, tratan de restregarme en la cara que el mundo ha avanzado tanto en redes y telecomunicaciones que realizar negocios por Internet e incluso realizar compras desde un celular es algo muy común hoy en día. Y, ¡lo sé! Ahora mismo, alguien que es lector habitual de este lugar se preguntaría "Christian, ¿qué rayos tienes? ¿Por qué estás hablando sobre las cosas que te están enseñando en la universidad?". Bueno, resulta que, mientras exponía un tema sobre aplicaciones móviles, me sentía muy viejo hablando acerca de lo que era la vida antes y actualmente sin y con todas las cosas que hoy en día nos facilitan la vida... Fue un sentimiento tan raro que, desde ese día, no he parado de repetirme "rayos, estoy viejo xD".

Si quisiéramos verlo utilizando un poco de tecnicismos, la gente de mi edad -digamos, los que ahora tenemos entre 20 y 30 años- pertenecemos a lo que se conoce como la "Generación Y". Muchos, como yo, hemos vivido en carne propia y hemos sentido más que otras generaciones lo que fue un gran salto en la tecnología. Y no es que quiera menospreciar a otras generaciones, pero es verdad. Por ejemplo, actualmente todo está tan a la mano de los niños y adolescentes: la mayoría crecieron con Internet en casa, algunos -como mis primitos- incluso tienen smartphone con Android, y muchos de ellos ni siquiera lo usan para llamar, solo para colgarse al Internet y jugar. Incluso me atrevería a decir que muchos de ellos nacen con un televisor pantalla plana de más de 27 pulgadas y con cable incluido -un privilegio que no tuve y del que luego hablaré-. Por otro lado, las generaciones superiores -digamos mi mamá y papá- la tuvieron más verde: muchos incluso no llegaron a conocer los celulares ni el Internet hasta casi la actualidad. Muchos gracias a nosotros, sus hijos, porque les hemos pedido esas cosas como regalo. Incluso por ahí recuerdo haber visto a mi mamá con un saco de cartas viejas románticas que se escribía con papá en sus épocas de enamorados, algo que actualmente muchos han tenido la desfachatez de reemplazar por mensajes de texto y comentarios en el muro del Facebook, algo muy triste en realidad.

En fin, volvamos a mi generación. Si retrocedo bastante en el pasado, me ubico en mis 7 años aproximadamente. Una mañana especial, descubrí en la casa de un amigo que existía algo llamado "cable" que servía para ver muchos más canales de los que podía ver con mi antena en casa. No era algo muy común eso en aquella época . Y yo era un ser feliz cuando iba a su casa, me quedaba horas esperando a que mamá me recoja de ahí ya que no era un lugar muy cercano a casa. Un año después convencimos a la abuela de colocar cable en mi hogar y yo -que en esas épocas era un poco problemático- solía pelearme con mis tíos para ver televisión. Un año después me pusieron señal de cable en mi preciado segundo piso y era el ser más feliz del mundo encerrado en mi habitación viendo Cartoon Network (canal muy genial en esas épocas, a diferencia de ahora) y Fox Kids prácticamente todo el día. Fue gracias al cable que, con mis amigos de colegio, descubrimos que existía Internet.

Antes de tocar el tema "Internet", podría hablar un poco sobre computadoras. Yo no tuve una hasta después que mi papá falleció. Él quería comprarme una y al parecer mamá lo hizo con parte del dinero que él dejó. Fueron $2000 por una Pentium I de 1,5 GB de almacenamiento de disco duro -sí, muy poco, considerando que mi computadora actual tiene para 500 GB-. Aún recuerdo cuando más adelante instalé el Starcraft para jugar como todos mis amigos y casi le da calambre a mi pequeña reliquia. Me imagino que actualmente esa computadora tan cara en su época, no valdría más que su peso en chatarra, pero fue una de  las cosas que hizo más divertida mi infancia y parte de mi adolescencia hasta mis 14 donde me compraron una computadora nueva, ya que empezaba a necesitar una nueva para todos los trabajos que dejaban en el colegio. Bueno, regresando al tema Internet, me ubico en el año 1998 aproximadamente. Digimon estaba de moda y Fox Kids tenía una página web con juegos de ello y siempre veíamos dicha publicidad a través del cable. Aquella fue la primera vez que fui a Internet en unas cabinas -lo que se conoce como cybercafé en otros países de habla hispana- que se ubicaban a media hora de mi casa, en otra urbanización, porque no eran muy comunes en esas épocas (sí, otra vez dije esta frase, creo que la repetiré muchas veces en este tema). Alquilamos una hora con mis amigos, a 3 soles y recuerdo que media hora de ese tiempo fue destinado solo para que la mencionada página web cargue por completo. Ya que estaba lejos y no había mucho que hacer en Internet  no volví a ir a cabinas hasta el año 2001 en que llegué a secundaria y abrieron una muy cerca de mi casa. Solía participar en chats de páginas que no sé si aún existirán, como latinchat.com o elchat.com, y era gracioso decir que tenía 16 añós, cabello castaño, ojos marrones y cuerpo atlético. Como dato adicional, me gustaba ir a 2 lugares con Internet en casa y eso era un lujo: la casa de unos tíos en Chorrillos (Lima) donde tuve mi primera amanecida con una computadora chateando por messenger, El otro lugar, era la casa de una amiga de colegio a donde me iba a descargar música y quemar CDs, no negaré que yo era muy oportunista.

No tuve Internet en casa hasta mis 16 años, mamá me dijo que si ingresaba a la Universidad Nacional de Trujillo en mi primer intento, me pondría dicho servicio en casa. Estudié mucho y además pensé en una carrera fácil y a la vez interesante, Ingeniería Agrícola. Ingresé y mi sueño se hizo realidad. Dicho año también me compraron el primer celular que tuve en mi vida, un "mini ladrillo". Al respecto de los celulares, nunca me interesé por uno hasta la universidad, a pesar que ello se puso de moda cuando estaba en segundo grado de secundaría y todos tenían su Nokia con el juego de la culebrita. Incluso, quien tenía un Sagem x3 con pantallita azul era un DIOS sobre todos los de pantalla verde. Esperé hasta la universidad porque en ese tiempo era algo caro y no lo consideraba necesario -mamá debería amarme por pensar siempre en su economía antes que en las modas- hasta llegar a la universidad. Luego casi todo es historia conocida y ahora simplemente siento que tengo casi todo lo que hace 15 años hubiera considerado que nunca llegaría a tener, incluso puedo entrar a Internet desde mi bonito y práctico Galaxy y sentir que tengo el mundo en mis manos con solo pasar mi dedo sobre una pantalla táctil.

Siento que hay muchas cosas que no mencioné, como que ya no se usa mucho los teléfonos fijos como antes. Incluso ya no se usa mucho Messenger en Internet a causa de redes sociales como Facebook y otros detalles más. Para terminar, mencionaré que hace unos días le contaba esto a mi primita de -creo que tiene- 12 años mientras ella estaba conectada en su laptop... Verme a mí diciendo "aprovecha que tienes lo que en tu edad no tuve" no tenía precio. Soy un superviviente, y me he adaptado como muchos. Al menos sé que cuando sea anciano, estas historias serán mucho más impactantes.... Quién sabe, quizás tenga nietos que quieran oír cuentos viejos sobre celulares gigantes, computadoras sin lectoras de CD y otras cosas que, ya actualmente, suenan un poquito increíbles y que para mí, en su momento, fueron tan comunes e inolvidables.