sábado, 29 de junio de 2013

Volver a escribir...

Una pregunta rondaba por mi mente en esta noche, así como en todas las noches de los últimos días. A decir verdad, esta interrogante era algo latente en cada minuto de cada día de los últimos meses de mi ambigua vida: ¿por qué dejé de escribir?... Pero más allá de eso, la pregunta que tenía como resultado de ella, era la que me desangraba: ¿por qué no volver a hacerlo?...

Cuando caigo en tratar de resolver la primera pregunta, trato de buscar una razón en la que yo sea el culpable o, al menos, el principal cómplice en este acto criminal. Puede ser que después de tanto plasmar mis vivencias, llegué a sentir terror a la nostalgia, llegué a perder el gusto de mirar atrás y ver que lo que alguna vez fui o sentí no volverá. Es verdad, empecé a odiar el pasado, a dejar de guardar fotos, conversaciones, cartas, mensajes; tan solo mirar el presente, tan solo disfrutar lo que vivo sin dejar recuerdos que me generen algún día nostalgia, tan solo enfocarme en hoy, a considerar un poco el mañana y a ignorar totalmente el ayer. Puede ser también que haya perdido la emoción del día a día. Que, después de vivir tantas cosas, todo lo que tenga alrededor me parezca tan común o vago que no merezca ni siquiera considerarlo para mencionar.

Aún así, volví a escribir. No por la primera pregunta, sino por efecto de la segunda. ¿Por qué no volver? Por qué no solo hacerlo porque me parece divertido y ya. Escribir y no leer lo que escribí nunca más, solo por diversión, como si tuviera un tesoro -uno no muy valioso en realidad- y lo enterrara, para que alguna otra persona lo encuentre y sienta lo que en ese momento yo sentí, aunque sea algo tan estúpido como las ganas de volver a escribir. Hacerlo sin buscar el culpable, sin pensar en las consecuencias, sino simplemente por amor a las causas. Hacerlo por aquella persona que más me pedía día a día volver a escribir, volver a reencontrarme con una pasión que, si bien no es mi fuerte ni mi don, es el pasatiempo que más me desconecta del mundo y me hace ser feliz.

Aquella persona que me pedía más que vuelva a escribir, en realidad, era yo mismo. No podía negarme un capricho de la vida, ¿o sí? Al fin y al cabo, eso ya no importa porque no me di cuenta pero, finalmente y sin querer, lo volví a hacer. Soy feliz.

1 comentario :

  1. Hola! Encontré este blog de casualidad pero sabes me agrada tu forma de escribir,espero que lo sigas haciendo!

    ResponderEliminar