Hoy inicio este relato con una frase que
Era diciembre del 2012, el año estaba por terminar y estaba por realizar algo que nadie en mi familia, ni mis amigos cercanos, ni yo mismo pensaba tomar: viajar a Estados Unidos por 4 meses. Quizás algún día contaré con detalles todo acerca de aquel genial periplo, aunque sería un relato largo como para una pequeña entrada de blog. Como sea, en este momento y para sustento de mi relato, solo necesito mencionar que la idea de alejarme de todo lo que me rodeaba acá y ser un desconocido, evitar el verano de mi país y cumplir mi sueño de ver y estar en un lugar lleno de nieve me seducía totalmente. Tuve suerte, conseguí un trabajo en un hotel lujoso con circuitos para practicar ski y snowboarding en las montañas aledañas; era un lugar donde, me informaban, la temperatura estaba llegando a los -15ºC y en el que tendría acceso gratis a todos los circuitos antes mencionados. Estaba extasiado con la idea, incluso tenía una lista de sueños que cumplir: tirarme en el piso para agitar mis manos y formar angelitos de nieve; aprender a esquiar; manejar una moto de nieve; etc. Pero, por sobre todo, mi sueño de toda la vida era subir a un teleférico y también a las telesillas -esas sillitas colgantes que se ven en las películas y recién hoy descubrí que se llaman así- para sentirme como en las películas gringas.
Era fines de enero y nos decidimos -con los chicos con los que vivía en el departamento allá y también compañeros de trabajo- a retar a la montaña e ir a hacer deportes de nieve. Lo primero era comprar los implementos necesarios para el reto. Alguien del trabajo nos dio la lista de implementos a conseguir: chaqueta impermeable especial, pantalones impermeables especiales, lentes, pasamontañas (o una gorra y bufanda en su defecto), guantes gruesos, botas y un ski o un snowboard, dependiendo de lo que queramos practicar. Fuimos con los chicos a comprar a una tienda de objetos usados. Todos, excepto yo, compraron todas las cosas de la lista, mientras que yo decidí solo comprar guantes, lentes, botas y el snowboard (no compré ski porque las botas de ski no me quedaban ya que son más angostas). Pasé de comprar lo demás porque tenía una chaqueta gruesa no especial, una gorra y bufanda que me tejió mamá y, para reemplazar el pantalón especial, decidí experimentar usando un calentador, bajo unos jeans, bajo un pantalón de buzo de esos gruesos de tela. Unas amigas de Argentina me dijeron que era un loco negligente por no comprar la ropa especial, pero no les hice caso.
Llegó el día -para mí- de practicar snowboarding, Los chicos de la casa ya habían ido unas 4 veces antes y un chico de Chile les estaba ayudando a practicar, mientras que para mí era la primera vez porque las anteriores ocasiones me sentía cansado como para quedarme después del trabajo a hacer deporte. Aquel día estaba tratando de aprender de modo autodidacta ya que nadie se ofrecía a enseñarme: fui al Circuito1, el más pequeño de todo el resort. Recuerdo haber caído varias veces y no haber tenido problemas ni con el frío ni con la humedad de la nieve. Pensé que las chicas argentinas habían exagerado con eso de la ropa especial, hasta mi segundo día en el que hice snowboarding, la semana siguiente.
Antes de aquel día (de mi segunda ocasión haciendo snowboarding) había nevado fuertemente y se suponía que no habría problema con el clima, a pesar de que estaba nevando suavemente. Aquel día eramos yo, AmigoG (así lo llamaré acá a un amigo de trabajo de Rumania que se había unido a nosotros aquel día), AmigoH (un amigo del departamento y trabajo con el que vine de Perú) y AmigaS (una de las dos chicas que vivía conmigo allá). Ya que yo no tenía nada de experiencia a diferencia de los demás, empezamos en el Circuito1 pero los chicos -que ya habían ido veces anteriores al Circuito2, de un poco más de complejidad- estaban aburridos, especialmente AmigoG que ya conocía bastante del deporte. AmigoG decidió sugerir, especialmente a mí: "acá nunca van a aprender a hacer snowboarding de verdad. Si quieren mejorar, deben ir a un lugar de más complejidad, el CircuitoMB". No sonaba peligroso, así que aceptamos aunque yo sentía algo de miedo.
Dicho circuito ya no era un espacio pequeño cerca al resort. Este, era una montaña alta, por lo cual debíamos tomar las telesillas -cumpliendo así uno de mis sueños-. Yo esperaba que dicho recorrido en las telesillas durara 1 o 2 minutos (como quien sube una montaña), pero después de subir vi cómo atravesábamos cerca de 3 montañas, subiendo cada vez más y más, sintiendo que el viento se hacía más frío y viendo cómo la pequeña nieve se convertía poco a poco en una tormenta mientras subíamos. Después de 10 o 15 minutos la telesilla se detuvo. En aquella cima atravesamos un túnel que nos llevaría al inicio del circuito, pero, al atravesar el túnel, vimos que la tormenta ya estaba demasiado fuerte. Todo era blanco, no se podía ver nada alrededor a más de 1 metro a causa del frío y denso viento: no quedaba más que seguir adelante y atravesar el circuito haciendo snowboarding.
Haciendo un recuento de todo, ¿qué sabía yo sobre snowboarding hasta ese momento? Poco o nada, salvo un poco de estabilidad que gané con el poco de práctica que tuve en mi primera vez. Empezamos, me lancé y avancé cerca de 3 o 4 metros, sentí que la velocidad era mucha pero la visibilidad poca y caí. Al caer mi cuerpo se enterró cerca de medio metro bajo la nieve. Traté de empujar el pie para sacar el snowboard de ahí, pero era demasiado duro. Estaba a punto de desengancharme de la tabla cuando AmigoG llegó rápidamente a mí y me dijo "no lo hagas, si caminas sin la tabla, te enterrarás aún más. Esta nieve debe tener más de 1 metro de profundidad". Era cierto, me desenganché un pie y al tratar de pisar sentí cómo mi cuerpo empezaba a hundirse más y más. Volví al snowboard y con ayuda de AmigoG pude salir aquella vez. Volví a hacer lo mismo 3 veces más: avanzar 3 metros, caer, ser sacado de la nieve, levantarme y seguir. A la cuarta vez sentí que mi pierna se estaba acalambrando y aunque intentaba no podía levantarme. AmigoG nunca me dejó en todo ese trayecto. En ese momento él me dijo "vamos, levántate. Tú eres un campeón. No te rindas y sigue, yo te ayudaré", pero yo, en el piso repetía "no puedo, me duele demasiado". Él me jaló con sus brazos y me levantó una vez más, volví a avanzar y volví a caer: empecé a sentirme desesperado, además el viento era cada vez más frío, tanto que empezaba a no sentir mi cara. Sentía que la gorra que mamá me tejió se había hecho dura y pequeña, que la nieve empezaba a traspasar por mis 3 pantalones, que las mangas de tela de mi chaqueta estaban hiriendo mis muñecas y que mi respiración tenía cierto sabor a sangre; solo había una cosa que no sentía y era mi rostro: mis labios y mis mejillas habían perdido sensibilidad a causa del frío.
Por otro lado AmigoH no estaba teniendo problemas ya que tenía ya algo de experiencia porque en Perú practica surf, mientras que AmigaS estaba algo rezagada pero avanzaba lentamente y con menos problemas que yo. Un par de veces más intenté seguir, y volví a caer, y AmigoG volvió a decirme que era un campeón y no me rinda, pero finalmente no pude más y, con cansancio, me rendí. En ese momento él me tomó con sus brazos y permitió que apoye parte de mi cuerpo sobre el suyo para mantener la estabilidad. Empezamos a bajar más rápido así, dejando que mi cuerpo sea prácticamente dirigido por él, hasta que llegamos a una bajada muy empinada en la que tomamos demasiada velocidad y caímos ambos. Todo mi cuerpo estaba bajo la nieve e incluso dramáticamente empecé a tener un flashback de mi vida hasta ese momento, hasta que sentí que una mano me jalaba del cuello con fuerza y me sacaba del fondo: era otra vez AmigoG (de quien no esperaba que tenga tanta fuerza). Seguimos avanzando y entonces apareció la Snow Patrol (los "salvavidas" de la zona), me preguntaron si podía seguir adelante y, rápidamente respondí "NO, por favor manden ayuda", con un poco de desesperación y otro tanto de vergüenza.
Después, fue gracioso, porque gracias a todo ello, aquel día cumplí todos los sueños que me faltaba realizar en mi viaje: después de 15 minutos de haber sido pedida la ayuda llegó una moto de nieve que primero recogía a AmigaS y luego me cargaba a mí -cumpliendo así mi sueño de subir a la moto de nieve-, mientras los demás chicos bajaban por sus propios medios. En ese momento curiosamente por el trayecto vi que faltaba DEMASIADO para llegar al final del circuito y tenía ganas de matar a AmigoG a pesar de toda la ayuda que me dio ese día. Después de 5 minutos en la moto, llegamos a otras telesillas que nos llevaron a una cabaña al lado de, ¿adivinan qué?, un teleférico, ambos encima de una montaña altísima. Dentro de la cabaña nos dieron agua caliente, una manta y pude sacarme las incómodas botas y la nieve en los pantalones: sentía como si hubiera tenido una nueva oportunidad de vivir. Quizás los demás no lo vivieron como yo ya que era el más inexperto del grupo, pero, sentía que podía volver a respirar sin miedo, sentía paz. Después de 20 minutos, y para acabar dicha aventura, llegó el teleférico a recogernos y llevarnos otra vez al resort; era genial ver que estaba dentro de un objeto tan grande que se movía colgado de solo un cable, era mi mayor sueño con relación a mis 4 meses de viaje y lo cumplí gracias a meterme en ese problema.
Mientras íbamos con los chicos en el carro de AmigoG, él me repetía que nunca debo rendirme, aunque no pueda más y que cuando vuelva a flaquear en mi convicción recuerde que soy un campeón y puedo hacer todo lo que me proponga. Bueno, creo que es cierto, al fin y al cabo sobreviví sin experiencia aunque con un poco deo mejor dicho mucha ayuda. Llegué a casa y pasé la noche en el jacuzzi tratando de relajarme después del mal momento. Estaba feliz. A pesar de todo, valió la pena. Como dije inicialmente, esas son cosas que se dan solo una vez en la vida y, por suerte, decidí hacerlo. Aquella situación hizo que cumpla mis sueños y, mejor aún, que aprenda una gran lección para mi vida. Las palabras de aliento de mi rumano amigo seguían y siguen hasta ahora en mi mente. Recientemente tuve problemas con un curso y me vi graciosamente repitiéndome "soy un campeón" y recordando dicha experiencia en la montaña, en medio de la tormenta. Sonreí. Ahora sé que soy un campeón, y ninguna tempestad me detendrá.
Salió largo mi relato, ¿no? Pero valió la pena, al menos para mí. Ahora espero que mi mamá no me mate, acabando así el trabajo de la naturaleza, si es que se entera que casi muero en otro país.
Por otro lado AmigoH no estaba teniendo problemas ya que tenía ya algo de experiencia porque en Perú practica surf, mientras que AmigaS estaba algo rezagada pero avanzaba lentamente y con menos problemas que yo. Un par de veces más intenté seguir, y volví a caer, y AmigoG volvió a decirme que era un campeón y no me rinda, pero finalmente no pude más y, con cansancio, me rendí. En ese momento él me tomó con sus brazos y permitió que apoye parte de mi cuerpo sobre el suyo para mantener la estabilidad. Empezamos a bajar más rápido así, dejando que mi cuerpo sea prácticamente dirigido por él, hasta que llegamos a una bajada muy empinada en la que tomamos demasiada velocidad y caímos ambos. Todo mi cuerpo estaba bajo la nieve e incluso dramáticamente empecé a tener un flashback de mi vida hasta ese momento, hasta que sentí que una mano me jalaba del cuello con fuerza y me sacaba del fondo: era otra vez AmigoG (de quien no esperaba que tenga tanta fuerza). Seguimos avanzando y entonces apareció la Snow Patrol (los "salvavidas" de la zona), me preguntaron si podía seguir adelante y, rápidamente respondí "NO, por favor manden ayuda", con un poco de desesperación y otro tanto de vergüenza.
Después, fue gracioso, porque gracias a todo ello, aquel día cumplí todos los sueños que me faltaba realizar en mi viaje: después de 15 minutos de haber sido pedida la ayuda llegó una moto de nieve que primero recogía a AmigaS y luego me cargaba a mí -cumpliendo así mi sueño de subir a la moto de nieve-, mientras los demás chicos bajaban por sus propios medios. En ese momento curiosamente por el trayecto vi que faltaba DEMASIADO para llegar al final del circuito y tenía ganas de matar a AmigoG a pesar de toda la ayuda que me dio ese día. Después de 5 minutos en la moto, llegamos a otras telesillas que nos llevaron a una cabaña al lado de, ¿adivinan qué?, un teleférico, ambos encima de una montaña altísima. Dentro de la cabaña nos dieron agua caliente, una manta y pude sacarme las incómodas botas y la nieve en los pantalones: sentía como si hubiera tenido una nueva oportunidad de vivir. Quizás los demás no lo vivieron como yo ya que era el más inexperto del grupo, pero, sentía que podía volver a respirar sin miedo, sentía paz. Después de 20 minutos, y para acabar dicha aventura, llegó el teleférico a recogernos y llevarnos otra vez al resort; era genial ver que estaba dentro de un objeto tan grande que se movía colgado de solo un cable, era mi mayor sueño con relación a mis 4 meses de viaje y lo cumplí gracias a meterme en ese problema.
Mientras íbamos con los chicos en el carro de AmigoG, él me repetía que nunca debo rendirme, aunque no pueda más y que cuando vuelva a flaquear en mi convicción recuerde que soy un campeón y puedo hacer todo lo que me proponga. Bueno, creo que es cierto, al fin y al cabo sobreviví sin experiencia aunque con un poco de
Salió largo mi relato, ¿no? Pero valió la pena, al menos para mí. Ahora espero que mi mamá no me mate, acabando así el trabajo de la naturaleza, si es que se entera que casi muero en otro país.
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