Los seres humanos, por excelencia, solemos dejarnos llevar por nuestro lado animal y tratamos de imponer nuestras preferencias, o al menos hacer que estas se vean mejor que las de otras personas con gustos o pensamientos que probablemente lleguen a ser radicalmente distintos...
Acá un caso práctico, ya que no negaré que incluso yo he llegado a hacerlo: detesto la música de Justin Bieber y One Direction, así como los programas de moda que hay actualmente en mi país, como Combate (y no, ¡por favor!, no es bacán) o Esto es guerra, pero, lo que en realidad me enferma, es cuando veo un fan que publica y publica que eso es lo mejor del mundo y hace tendencias (por ejemplo, hashtags) con motivos realmente tontos e infantiles, como queriendo mostrarle al mundo, de todos los modos posibles, que lo que le gusta es genial; entonces yo trato de comentarle algo como “antes eras chévere”, ¡pero en buena onda!, y le trato de explicar de todos los modos posibles las razones por la que considero que este ser tiene mal gusto.
Pero, el punto al que quiero llegar, no es exactamente atacar a dichas personas de las que me desagradan sus gustos sino, al contrario, mencionarles que es bueno que existan y así plantear la idea principal del día de hoy: la variedad es lo que hace interesante al mundo. Y, quizás esto suene muy ofensivo e incluso algo discriminador para muchos, pero, no quisiera que mis gustos también los tenga gente que no sea de mí, ¿cómo decirlo?, ¿nivel cultural (por decirlo de algún modo)? Y es que, las modas incomodan, son aburridas, y no quiero que lo que me gusta o lo que pienso sea seguido así, sin que entienda la profundidad de ello la gente que sigue modas como borregos, tan solo porque “todos lo hacían y solo querían ser populares”. Al respecto de esto último, otro ejemplo práctico: recientemente en TV se hizo famoso el programa “Yo Soy” y me agrada ver cómo gente se esfuerza por imitar a artistas que me gustan: es como ir a un karaoke y cantar con alguien que quizás no lo hace bien pero que comparte mis gustos. El problema es cuando llega alguien, por ejemplo, digamos, un arequipeño carismático, imitando a Kurt Cobain de Nirvana y entonces las personas empiezan a ser seguidores de él, incluso compran sus politos con la carita redonda amarilla con la lengua afuera y se creen “metaleros” y dicen amar a Kurt Cobain cuando solo conocen “Smell like teen spirit”, y ves que son principalmente esas niñas o adolescentes que antes eran fans de Justin Bieber y ahora apoyan a esta persona del concurso y gritan como locas en vez de disfrutar el sonido o agitar la cabeza al ritmo de la canción, y en muchos casos ni siquiera saben qué dice la letra de lo que están escuchando, ¡pero ahí están! ¡haciendo finta! Y así ves que tus gustos están siendo pisoteados por alguien que realmente no valora lo que te gusta.
La variedad es necesaria, muy necesaria, y eso que solo he tocado un tema tan banal como música, cuando hay otros temas como religión, sexo, política, etc. A veces es necesario que exista alguien con gustos o pensamientos malos, erróneos o mal llevados para poder servir de mal ejemplo para otras personas. Incluso puede que yo sea el mal ejemplo de otras personas, ¡porque así funciona el mundo! Y, la verdad, eso es bueno, porque, ¿se imaginan la monotonía del universo si todos pensáramos igual? Y es que argumentar y debatir es muy divertido e incluso didáctico... A pesar de todo esto, de todo lo anteriormente mencionado, yo seguiré tratando de explicarle a las personas que pueda, con bases coherentes, por qué considero que las cosas que me gustan son buenas, y, con suerte, NO conseguiré disuadir a todos.
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