En sus recuerdos, ella alguna vez le dijo que la luna llena era el momento perfecto para recordarlo, porque, después de tanto conocerse, estaban seguros de que, en ese preciso momento, ellos dos estarían viendo el mismo espectáculo celestial y así podrían sentirse uno con el otro sin estar en el mismo lugar.Hoy las cosas son distintas. Ella se fue y no volverá, posiblemente no porque no quiera, sino porque no puede hacerlo, no ahora, quizás nunca pueda. Aún así, cada luna llena, ellos tienen la oportunidad de conectar sus almas, de conversar bajo la oscuridad. Pueden en el silencio oírse uno al otro susurrando al viento "te necesito a mi lado", acariciando sus almas, danzando juntas en el firmamento, allá donde su imaginación es infinita, y sus ganas de vivir eternamente no encuentran ataduras y chocan desenfrenadas. Estas se necesitan, se aman.
La fiesta de la noche se repetirá, seguro que sí. Al menos sus almas se encontrarán, y disfrutarán, aunque sus cuerpos sigan murieron uno sin el otro, por un día más.
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