martes, 5 de octubre de 2010

Medidas extremas/Cicatrices

Ay mi querido gato, siendo animal eres tan inteligente y a la vez tan estúpido, tan, ¿animal?... Solías subir al techo del segundo piso de mi casa en búsqueda de placer sexual gratuito con las gatas de las casas aledañas y, al terminar de meter terror por la vecindad, rampeabas hasta mi balcón y te arrojabas de él hasta el primer piso. Pero, por curiosidades del destino, aterrizar en cuatro patas no es tu virtud, así que cuando lo hacías simplemente te lastimabas; en pocas palabras, disfrutar de la noche te costaba "sacarte la mierda" al final de ella.

Pasaban los días y cada vez perdías la confianza en ti, ya que tardabas cada vez más en decidir saltar. Un día, al verte en plan suicida, te abrí la puerta de mi balcón, te llamé y te evité el dolor de saltar. Creo que fue un error por mi parte. En los siguientes días ya no te encontraba mirando hacia la caída del balcón, ahora rascabas a mi puerta, esperando un poco de mi humanidad ante tu clara falta de animalidad. Te mal acostumbré, te hice débil, temeroso de tu naturaleza. Nunca pensé en lo que pasaría el día en el que yo no esté en casa, o el día en el que simplemente me olvide de ti por cosas mucho más importantes en este mundo... Nunca pensé que se nos haría una rutina.

El día de ayer te demoraste más de lo normal y tus rasguñazos de puerta me despertaron a las 5 a.m., en una de las pocas noches en la que pude dormir con naturalidad. Te odié tanto en ese momento que miré por la ventana y, en vez de abrirte la puerta, la pateé, te asustaste, pero permaneciste quieto, esperando una segunda oportunidad. Volví a mi mueble. En la mañana te encontré dormido en la puerta de mi balcón.

Dime querido gato... ¿soy malo?, ¿actué con inteligencia?, ¿de quién fue el error inicial?, ¿fue mío por mal acostumbrarte a una falsa realidad o fue tuyo al olvidarte que naciste para saltar y que, aunque duela mucho, nunca morirás?

¿Sabes?, después de todo, creo que no somos muy diferentes, algunas costumbres simplemente nos atraparon y hemos olvidado nuestra naturaleza. De todos modos, tendrás que revivir el dolor una vez más, si quieres seguir con tu vida para la que naciste y a la que deberías estar acostumbrado...

¿A quién engaño? Te espero a las 12. Si no te apareces, te la aguantas.

No hay comentarios :

Publicar un comentario