Cae la noche, ya es madrugada. A estas alturas tan solo el silencio y el insomnio podrían ser barajados en mi mente como posibilidades para acompañarme en este largo trayecto en el que busco casi por instinto la llegada de los primeros rayos del sol, mas no es así. Y es que, nuevamente, como mucha noches, has dejado tu ventana entreabierta como invitación y, no tan curiosamente, me he asomado con el fin de husmear secretamente en tus pensamientos... No me di cuenta que, en realidad, habías encadenado mi imaginación en tu cama, mientras que, lentamente, desvestías tu alma para el deleite de aquel preso del insomnio. Es así como inicia el verdadero show y las luces son mágicamente apagadas para que no estorben en la sensualidad de la penumbra.
Rodeados por una muy densa neblina de tentación, tu alma y mi imaginación se ven confinados a interactuar para sobrevivir a las circunstancias. Tu experiencia ha calado fácilmente en mi juicio. En unas pocas acrobacias saltas encima de mi pensamiento, mientras que con tus largas uñas desgarras poco a poco toda su piel. Lo empapas con tu agitación que, con el calor, se ha convertido en sudor, dándole a tus curvas un brillo que este no debe tocar, solo por simple precaución. Aún así, el vaivén de tu cintura lo embriaga rápidamente, tus movimientos se han sincronizado con los deseos de maldad que él ha formado en la oscuridad. Este ha dejado de ser mío para ser irremediablemente controlado por los densos hilos de tu carne, por aquel son de tu melodioso jadeo.
El show va terminando y la cordura regresa a mi cuerpo. Tú me sonríes y me recuerdas, antes de que me vaya, que la ventana seguirá abierta. Lo sé bien, y quizás regrese mañana. Creo que tu existencia es como una pequeña inyección de maldad a mis bajos -pero existentes- instintos. Es casi como una vacuna. Creo que en el fondo me ayudas -desde un punto de vista irónico y algo retorcido- a ser fiel, y te lo agradezco, es difícil lidiar con esas cosas. Sé que la carne es débil, mas no quisiera ser infiel a *ella* en la realidad (sí, tú sabes de quién hablo), mas, solo por esta noche, y quizás algunas más que con el tiempo vendrán, mi fantasía morirá en tu territorio. Al menos trata de no ser tan inicua conmigo, aunque, no creo que sea necesario decirlo; eres experta en lo que haces y, por eso -y otras cosas más-, me agradas.
No hay comentarios :
Publicar un comentario