domingo, 14 de agosto de 2011

A pesar del cansancio...

Sábado, son aproximadamente las 5:50 am y, definitivamente, llego a la conclusión que, el par de días más difíciles en estas vacaciones por las que estoy atravesando son los sábados y domingos, ¿y eso por qué? Es que estos dos días implican realizar aquello que necesito, aquello que me gusta y aquello que amo, TODO a la vez, así como no olvidarme de enviar un mensaje de texto a ella, solo para recuerde que nunca la olvido (menuda disyuntiva...).

Y aunque, usualmente utilizo el escribir para conseguir dormir, hoy lo uso para no hacerlo. ¿Razones? Veamos... Mi sábado es ajetreado desde su inicio. En la mañana hubo ensayo musical, al mediodía cocinar, luego tomar una siesta -que me está sirviendo mucho en estos momentos- y más tarde a las 6 pm, estar en casa de Guillermo y Karla, ya que ahí es la reunión de jovenes de La Buena Semilla. Ahí hemos tocado, cantado y conversado; es uno de los momentos geniales del día.

Luego de toda esta faena y regresar a casa a las 8, el día no termina, ya que me preparo para llegar a mi trabajo a las 9 pm: ser mozo en Bohemios, mi lugar de diversión favorito. Sí, un trabajo de bar. Este es, por un lado, una necesidad, y por otro, uno de mis más grandes gustos ya que amo la música rock de los 80.

Y aunque el frío del otoño sea algo arrogante, la noche se va calentando con cada persona que va llegando. El espacio se va reduciendo mientras las ansias de la gente va aumentando: hoy, como todos los sábados, están los Big Balls, la banda estrella, una de las mejores -por si no es la mejor- de los sábados trujillanos. La cuota musical que la gente exige para satisfacer su semana. De repente, el estruendo de las guitarras empieza, la batería cobra vida y, Sidney -el vocalista- hace un grito de guerra y, así, se inicia el show. La gente enloquece de júbilo. Es ahí cuando el verdadero trabajo empieza, ya que hay muchas mesas por atender, algunos egos que soportar y otros gajes de oficio, propios del ambiente, que realizar.

El show terminó aproximadamente a las 4:15 de la madrugada, hora en la que debo recoger jarras, limpiar algunas mesas y lidiar un poco con el tiempo hasta que pueda tomar un bus colectivo. A pesar de todo, hoy ha sido un día divertido: la música estuvo genial, no hubieron muchos imprevistos y he visto a mucha gente conocida, entre ellos a Wachin que llegó tarde y pidió un filete de 5 soles, el cual atendí y, por el cual, no recibí propina. De todos modos, sigo amando mi trabajo. En lo que va de mi experiencia laboral, he lidiado con algunas personas ebrias por las que tuve que llamar a seguridad, me siento como un rey en ese momento. Y aunque hubieron, como siempre, algunas descoordinaciones entre el otro mesero y yo, al final de la noche, todo se tranquiliza y siempre llego al mismo "martirio" de soportar estar despierto algunas horas más... ¿Es necesario? Demasiado diría yo, porque la mañana del domingo es mi combustible para la semana que viene.

Soportar unas cuantas horas más hasta las 9 de la mañana, es poco en realidad para lo que recibiré luego, cuando tome mi guitarra y toque y cante a todo pulmón las alabanzas a mi Dios, en mi iglesia y con mi gente. El acompañar a muchas personas a llegar a un estado de armonía es algo que no puede definirse con palabras terrenales. El cerrar mis ojos y sentir, de algún modo, que alguien me ama de un modo diferente a cualquier otro amor no tiene explicación. Y sí, estoy cansado, adolorido, pero todo esto lo vale. Y estoy feliz, porque ahora mismo estoy sacrificando algo y, como siempre digo, todo sacrificio tiene su fruto; el de hoy, es el mejor de todos.

Y así como jugando, llegan las 6:52 am, hora de bañarse y quitarse el sueño, el día recién empieza, o mejor dícho, ¿continúa?

lunes, 8 de agosto de 2011

Recuerdos de cristal

Oye, hola... Sé que en estas últimas semanas tan solo pedía a Dios por ti y no te hablaba, en realidad, sabes que no debo ser muy masoquista con el corazón, así como también sé que sabes que aún te sigo queriendo, así que creo que no hay problema.

¿Sabes?, es irónico, la gente suele preguntarme si aún te recuerdo, suelen decirme "15 años, ¿no?, pero tenías 7, de seguro no recuerdas nada", cuando en realidad, me acuerdo demasiado de ti, y sé que las cosas definitivamente serían distintas si hubieras seguido junto a mí. Aunque no compartimos mucho, ya que solías viajar para trabajar y solo venir unos días cada fin de mes, esos en realidad eran los días que más esperaba. Recuerdo que eras un gritón del diablo y, lamento informarte que, creo que he heredado eso y muchas cosas más de ti. A veces sin querer suelto gestos, algunas palabras, y mi mamá a veces me molesta que se parecen a cosas tuyas.

Dime, cuando llegas al cielo, ¿los recuerdos te acompañan hasta allá? ¿Recuerdas cuando quise ponerme mi camiseta de Pablo Mármol, mamá me dijo que no y tú le dijiste que me deje vestir como desee? Aún mantengo esa filosofía, y agradezco mucho que la hayas defendido en su momento. ¿Recuerdas cuando jugábamos a la pelota en el primer piso? Ahora que lo pienso, dejabas que te meta gol, y yo tontamente creía que era de los mejores. Pero, con el tiempo, la diversión se redujo. Te veías cada vez más cansado, a veces creía ya no reconocerte. En esos últimos años, solo llegabas y dormías. Aún recuerdo haber estado en la habitación contigo, tratando de curarte de tus fiebres, cambiando el trapo de tu frente, mientras te decía que en el futuro sería un gran doctor, que yo te curaría cada vez que te pongas mal, y tú solo me sonreías y me acariciabas el pelo.

Aquel último año, aún lo tengo grabado en mis pupilas. Esa enfermedad ya no te permitió regresar a Trujillo. Mamá siempre me decía que las cosas cambiarían cuando te mejores, que regresarías y que todo sería mucho mejor. Ella tuvo que ir a Lima a cuidarte, mientras yo me quedé con la abuela Luz en casa. Tanto me dijiste que estudie que fui el primer puesto aquel bimestre. Viajé aquel mes de julio a Lima, pero después de unos días te internaron y nunca más volví a verte con vida. Aún recuerdo esa noche del 9 de agosto, casi a las 11 de la noche, cuando fingía estar dormido en la cama, y alguien llegó e informó a la familia que te habías ido en la tarde. Recuerdo el llanto ahogado que invadió el hogar en ese momento, y aunque no escuché bien, supe al instante lo que estaba pasando; tan solo cerré mis ojos y lloré en la noche, creo que retuve por mucho tiempo ese sentimiento. Vino mi tía, me abrazó, pero le dije que ya lo sabía todo. Aquella noche regresé a Trujillo con el tío Pepe; recuerdo el frío de la noche, el vacío interno y las miles de preguntas en ese momento... estaba tan perdido que ni recuerdo cuándo ni cómo me quedé dormido en el bus.

En Chimbote se quedó tu cuerpo, pero tu alma estuvo por mucho tiempo rondando a mi alrededor. Te agradezco el haber estado en mis sueños casi cada noche después de que te fuiste. He tratado de no contar a mucha gente que te soñé casi todos los días por casi 2 años, hasta aquella noche en la que apareciste nuevamente y conversamos sobre las cosas que estaban pasando en mi vida. Recuerdo bien cuando me preguntaste por mamá y te decía que aún te extrañaba, entonces me abrazaste y me dijiste que sería el último sueño en el que te vería, que tenías que irte ya, y que cuide mucho de mamá. Efectivamente, fue la última noche que te vi en sueños pero, por una rara razón, aún te recuerdo y te extraño.

Antes de despedirme de ti, quisiera decirte que lamento no haberte escrito nada cuando seguías con vida y tú estabas en Lima y yo en Trujillo. Por mucho tiempo traté de escribirte una carta con la máquina vieja, pero ella no tenía corrector y al final rompía la hoja antes de acabarla. Era un tonto, recién en estas épocas entendí el poder y el sentimiento que tiene una carta escrita a puño y letra... Y al respecto, hace uno o dos años, revisando tus cosas viejas, encontré una carta que escribiste para mí, Nunca la había visto, así que me causó mucha sorpresa. La leí y sentí el pasado recorrer mis mejillas. Desde aquella vez, la he leído tanto que, casi, la sé de memoria: "Hola querido hijo. Espero con todo mi corazón que estés bien de salud, con muchas ganas de estudiar y ser el mejor de la familia y que me recuerdes como te recuerdo. Quiero que sepas que ya estoy mejor y pronto estaremos juntos para entrenar fútbol en el parque, llevarte al colegio y hacer todas las cosas que hasta ahora no habíamos podido hacer. Y también estudiaremos mucho, porque serás el mejor doctor, para que me cures a mí y a la mamá Luz, ¿ok? Hijo, por ahora pórtate bien y estudia, estudia mucho. Confío en ti. Cúidate, te quiero y extraño, por lo que ruego a Dios que pronto nos reencontremos. PÓRTATE BIEN. Tu padre que te ama y extraña, Martín". Después de mucho, mucho tiempo, quiero responderte que, para empezar, fuiste un gran mentiroso, porque ahora tú estás allá y yo acá, pero de todos modos gracias. Solo para estar un poco más parejos, lamento informarte que yo también te fallé, no fui médico, lo siento, soy demasiado ególatra para preocuparme de ese modo por otros, pero, como buen futuro profesional informático, te prometo con todo mi corazón que programaré el mejor de los encuentros en el Cielo.

De verdad hubiera querido que te quedes aquí conmigo, pero, al menos, tenemos una promesa a futuro, ¿no es así? Yo también ruego a Dios para que pronto nos encontremos. Espérame, ¿sí? Tu hijo que también te ama y extraña. Christian.

sábado, 6 de agosto de 2011

Si es que lo vi...

Usualmente mis sueños son tétricos, tenebrosos, por no decir pesadillas. Es raro dormir teniendo miedo de lo que tu subconsciente te traerá esa noche, pero, en este caso, hace unos minutos mi mente -por no decir mi Winamp- evocó los recuerdos de uno que salió de lo común, uno que difícilmente olvidaría ya que fue tan real, fue... En realidad fue el deseo robado de alguien, quizás fue una idea que circundó por mi mente por muchos días y que explotó hasta volverse una de las visiones más hermosas que pude vivir en la quietud de la noche.

Los previos quizás tuvieron que ver con breves pantallazos de besos bajo una noche de playa iluminada por la luna, seguidos por otro flashback: ahora dos personas pintando una habitación, esperando, con una sonrisa en el rostro, un regalo de Dios, un milagro de la vida; ahí, una ventana adornada con cortinas blancas que danzaban al compás del viento, con vista a un verde parque, mientras el sol entraba a través de él e iluminaba el rostro de ella, cuyos ojos brillaban como el sol, cuyo vientre pronunciado parecía estar a punto de estallar con la misma intensidad que tenía la sonrisa que dibujaba su rostro. He parpadeado nuevamente y, ahora estoy en una sala amplia, mirando gente alrededor; ahí está ella, cuyo rostro expresa dolor, yo solo puedo tomar de su mano, besar su frente y decirle que todo pasará, que siempre estaré a su lado. Luego, un pronunciado silencio que, después de unos segundos, es finalmente quebrado... mi corazón se acelera, mis ojos se deslumbran con, quizás, la criatura más hermosa que mis ojos hayan visto. Es irónico, en ese momento mi corazón experimenta un millón de emociones, quiero besarlo, quiero abrazarlo, pero tengo miedo del solo tocarlo, ¿cómo puede algo ser tan perfecto y a la vez tan frágil?, solo puedo morderme los labios y esperar pacientemente, mientras los veo juntos: el cuadro perfecto, si el amor pudiera definirse visualmente, definitivamente serían ellos 2 abrazados en la quietud después de tan doloroso batallar. Aquel ser descansa plácidamente ahora en sus brazos, ella tiene los ojos llenos de felicidad, tanta que desborda, yo solamente puedo pasar mi mano por su mejilla y decirle que, si tuviera el poder de congelar el tiempo, ese sería el momento perfecto.

Aunque hubieron más imágenes en aquel sueño, quiero quedarme por ahora con aquel cuadro perfecto que mi mente retrató aquella noche, aquella rara ilusión que mi subconsciente generó en mí. Quizás sea un pequeño bocado de lo que me depare el futuro, no lo sé, pero, si es que fuera así, si es que tuve el poder de verlo, solo quiero pedirle a Dios un poco más de vida, para poder hacer realidad tanta bendición, para poder estallar de alegría, para poder retratarlo para la eternidad con una canción...

lunes, 1 de agosto de 2011

Corazón de León

Hay ciertos orgullos algo raros, podría decirse que "inexplicables" y también, ¿por qué no mencionarlo?, quizás, un poco insanos. En esta ocasión me refiero a aquellos ideales bastante tirados a la antigua que mi familia, por parte de padre, me ha inculcado desde muy niño: el orgullo por mi apellido.

Y es, en verdad, muy difícil de explicar. Mi apellido es León y, sinceramente, lo único que se me viene a la mente, en relación a él, es un animal de la sabana, muy ocioso, no muy bueno en la cacería y, para colmo, pisado por su hembra (sin alusiones personales, claro), aunque al menos viene con la inmerecida etiqueta de "rey de la selva". A pesar de eso, la temática siempre ha sido la misma y mis tíos siempre me la repitieron: "siéntete orgulloso por ser lo que eres, un León, el miembro de una familia que no conoce las derrotas. Tienes en la sangre una tradición, un lazo fuerte que nos mantendrá unidos por siempre. Nunca olvides eso" y, de algún modo, es cierto: por una lado, mi padre y, en general, mis tíos, han sido academicamente exitosos, ya sea en el colegio o en la universidad, adicionalmente mis primos también lo son. Por otro lado, cada vez que hubo algún problema, ellos se han unido -a pesar que muchos poseen un temperamento altamente explosivo y soberbio que yo, lamentablemente, he heredado-, es lo habitual en ocasiones así.

El meollo en todo este asunto podría parecer tonto para algunos y, quizás, otros sí lo entenderán: si inspeccionamos el árbol genealógico, por la rama de mi padre, tenemos una familia grande de 7 hermanos (entre ellos, obviamente, mi padre), y de estos 7 hermanos, sus hijos por ahora sumados son en total 11. Somos en total 11 primos, de los cuales, el único que es varón y lleva "León" como primer apellido SOY YO, lo que significa que la responsabilidad de que mi apellido siga vigente recae únicamente sobre, lo que será algún día, mi descendencia. Esta situación llega a generar cierta espectativa familiar sobre mí: ellos esperan que yo sea el macho alfa, el hombre perfecto, el más demostrativo de todos, el mejor en mis estudios, el más exitoso y, por sobre todo, que tenga hijos. A cambio de eso, lo que tienen de mí no es, en su mayoría, aquello que ellos desean.

Lo que quiero tratar de explicar el día de hoy es que, no tanto por la etimología de nuestro apellido, sino por toda esa tradición y lazos que nos unen, ¡los amo!, aunque muchas veces no lo parezca. Hago un mea culpa, sé que posiblemente sea la oveja negra de la familia, nunca seré tan cariñoso como los Coquis, ni tendré el espíritu de fiesta de los Santillán, ni tendré la entrega que tienen los Olivos o mi querida tía Mañuca -a quien aún le debo mucho-. No, nunca lo seré. Quiero que comprendan y retengan solo una cosa en sus mentes a partir de hoy: puede que sea el más inexpresivo de todos, me cuesta dar abrazos y decirles un "te quiero", puede que tenga una pésima memoria o que simplemente esté tan metido en mis asuntos como para olvidarme de llamarlos o no poder visitarlos, ¡acepto todo eso!, pero nunca, absolutamente NUNCA se atrevan a dudar que los amo y que agradezco a Dios siempre el ser parte de ustedes,¡ni se atrevan a dudarlo, o verán al León que tengo dentro! ¡Y ustedes saben muy bien qué significa eso!

Lo repito una vez más para que retengan bien la idea, los amo tal y como son, Leones, orgullosos y fregados. Ustedes también ámenme como soy, ¿sí?, los veo el 9.

P.D.: haciendo un sondeo personal con la mayoría de amigas que tengo, muchas de ellas quisieran que su apellido sea adornado por un "de León" -sí claro, pero no por ti Christian-, no las culpo chicas, mi apellido es genial.