lunes, 8 de agosto de 2011

Recuerdos de cristal

Oye, hola... Sé que en estas últimas semanas tan solo pedía a Dios por ti y no te hablaba, en realidad, sabes que no debo ser muy masoquista con el corazón, así como también sé que sabes que aún te sigo queriendo, así que creo que no hay problema.

¿Sabes?, es irónico, la gente suele preguntarme si aún te recuerdo, suelen decirme "15 años, ¿no?, pero tenías 7, de seguro no recuerdas nada", cuando en realidad, me acuerdo demasiado de ti, y sé que las cosas definitivamente serían distintas si hubieras seguido junto a mí. Aunque no compartimos mucho, ya que solías viajar para trabajar y solo venir unos días cada fin de mes, esos en realidad eran los días que más esperaba. Recuerdo que eras un gritón del diablo y, lamento informarte que, creo que he heredado eso y muchas cosas más de ti. A veces sin querer suelto gestos, algunas palabras, y mi mamá a veces me molesta que se parecen a cosas tuyas.

Dime, cuando llegas al cielo, ¿los recuerdos te acompañan hasta allá? ¿Recuerdas cuando quise ponerme mi camiseta de Pablo Mármol, mamá me dijo que no y tú le dijiste que me deje vestir como desee? Aún mantengo esa filosofía, y agradezco mucho que la hayas defendido en su momento. ¿Recuerdas cuando jugábamos a la pelota en el primer piso? Ahora que lo pienso, dejabas que te meta gol, y yo tontamente creía que era de los mejores. Pero, con el tiempo, la diversión se redujo. Te veías cada vez más cansado, a veces creía ya no reconocerte. En esos últimos años, solo llegabas y dormías. Aún recuerdo haber estado en la habitación contigo, tratando de curarte de tus fiebres, cambiando el trapo de tu frente, mientras te decía que en el futuro sería un gran doctor, que yo te curaría cada vez que te pongas mal, y tú solo me sonreías y me acariciabas el pelo.

Aquel último año, aún lo tengo grabado en mis pupilas. Esa enfermedad ya no te permitió regresar a Trujillo. Mamá siempre me decía que las cosas cambiarían cuando te mejores, que regresarías y que todo sería mucho mejor. Ella tuvo que ir a Lima a cuidarte, mientras yo me quedé con la abuela Luz en casa. Tanto me dijiste que estudie que fui el primer puesto aquel bimestre. Viajé aquel mes de julio a Lima, pero después de unos días te internaron y nunca más volví a verte con vida. Aún recuerdo esa noche del 9 de agosto, casi a las 11 de la noche, cuando fingía estar dormido en la cama, y alguien llegó e informó a la familia que te habías ido en la tarde. Recuerdo el llanto ahogado que invadió el hogar en ese momento, y aunque no escuché bien, supe al instante lo que estaba pasando; tan solo cerré mis ojos y lloré en la noche, creo que retuve por mucho tiempo ese sentimiento. Vino mi tía, me abrazó, pero le dije que ya lo sabía todo. Aquella noche regresé a Trujillo con el tío Pepe; recuerdo el frío de la noche, el vacío interno y las miles de preguntas en ese momento... estaba tan perdido que ni recuerdo cuándo ni cómo me quedé dormido en el bus.

En Chimbote se quedó tu cuerpo, pero tu alma estuvo por mucho tiempo rondando a mi alrededor. Te agradezco el haber estado en mis sueños casi cada noche después de que te fuiste. He tratado de no contar a mucha gente que te soñé casi todos los días por casi 2 años, hasta aquella noche en la que apareciste nuevamente y conversamos sobre las cosas que estaban pasando en mi vida. Recuerdo bien cuando me preguntaste por mamá y te decía que aún te extrañaba, entonces me abrazaste y me dijiste que sería el último sueño en el que te vería, que tenías que irte ya, y que cuide mucho de mamá. Efectivamente, fue la última noche que te vi en sueños pero, por una rara razón, aún te recuerdo y te extraño.

Antes de despedirme de ti, quisiera decirte que lamento no haberte escrito nada cuando seguías con vida y tú estabas en Lima y yo en Trujillo. Por mucho tiempo traté de escribirte una carta con la máquina vieja, pero ella no tenía corrector y al final rompía la hoja antes de acabarla. Era un tonto, recién en estas épocas entendí el poder y el sentimiento que tiene una carta escrita a puño y letra... Y al respecto, hace uno o dos años, revisando tus cosas viejas, encontré una carta que escribiste para mí, Nunca la había visto, así que me causó mucha sorpresa. La leí y sentí el pasado recorrer mis mejillas. Desde aquella vez, la he leído tanto que, casi, la sé de memoria: "Hola querido hijo. Espero con todo mi corazón que estés bien de salud, con muchas ganas de estudiar y ser el mejor de la familia y que me recuerdes como te recuerdo. Quiero que sepas que ya estoy mejor y pronto estaremos juntos para entrenar fútbol en el parque, llevarte al colegio y hacer todas las cosas que hasta ahora no habíamos podido hacer. Y también estudiaremos mucho, porque serás el mejor doctor, para que me cures a mí y a la mamá Luz, ¿ok? Hijo, por ahora pórtate bien y estudia, estudia mucho. Confío en ti. Cúidate, te quiero y extraño, por lo que ruego a Dios que pronto nos reencontremos. PÓRTATE BIEN. Tu padre que te ama y extraña, Martín". Después de mucho, mucho tiempo, quiero responderte que, para empezar, fuiste un gran mentiroso, porque ahora tú estás allá y yo acá, pero de todos modos gracias. Solo para estar un poco más parejos, lamento informarte que yo también te fallé, no fui médico, lo siento, soy demasiado ególatra para preocuparme de ese modo por otros, pero, como buen futuro profesional informático, te prometo con todo mi corazón que programaré el mejor de los encuentros en el Cielo.

De verdad hubiera querido que te quedes aquí conmigo, pero, al menos, tenemos una promesa a futuro, ¿no es así? Yo también ruego a Dios para que pronto nos encontremos. Espérame, ¿sí? Tu hijo que también te ama y extraña. Christian.

No hay comentarios :

Publicar un comentario