lunes, 1 de agosto de 2011

Corazón de León

Hay ciertos orgullos algo raros, podría decirse que "inexplicables" y también, ¿por qué no mencionarlo?, quizás, un poco insanos. En esta ocasión me refiero a aquellos ideales bastante tirados a la antigua que mi familia, por parte de padre, me ha inculcado desde muy niño: el orgullo por mi apellido.

Y es, en verdad, muy difícil de explicar. Mi apellido es León y, sinceramente, lo único que se me viene a la mente, en relación a él, es un animal de la sabana, muy ocioso, no muy bueno en la cacería y, para colmo, pisado por su hembra (sin alusiones personales, claro), aunque al menos viene con la inmerecida etiqueta de "rey de la selva". A pesar de eso, la temática siempre ha sido la misma y mis tíos siempre me la repitieron: "siéntete orgulloso por ser lo que eres, un León, el miembro de una familia que no conoce las derrotas. Tienes en la sangre una tradición, un lazo fuerte que nos mantendrá unidos por siempre. Nunca olvides eso" y, de algún modo, es cierto: por una lado, mi padre y, en general, mis tíos, han sido academicamente exitosos, ya sea en el colegio o en la universidad, adicionalmente mis primos también lo son. Por otro lado, cada vez que hubo algún problema, ellos se han unido -a pesar que muchos poseen un temperamento altamente explosivo y soberbio que yo, lamentablemente, he heredado-, es lo habitual en ocasiones así.

El meollo en todo este asunto podría parecer tonto para algunos y, quizás, otros sí lo entenderán: si inspeccionamos el árbol genealógico, por la rama de mi padre, tenemos una familia grande de 7 hermanos (entre ellos, obviamente, mi padre), y de estos 7 hermanos, sus hijos por ahora sumados son en total 11. Somos en total 11 primos, de los cuales, el único que es varón y lleva "León" como primer apellido SOY YO, lo que significa que la responsabilidad de que mi apellido siga vigente recae únicamente sobre, lo que será algún día, mi descendencia. Esta situación llega a generar cierta espectativa familiar sobre mí: ellos esperan que yo sea el macho alfa, el hombre perfecto, el más demostrativo de todos, el mejor en mis estudios, el más exitoso y, por sobre todo, que tenga hijos. A cambio de eso, lo que tienen de mí no es, en su mayoría, aquello que ellos desean.

Lo que quiero tratar de explicar el día de hoy es que, no tanto por la etimología de nuestro apellido, sino por toda esa tradición y lazos que nos unen, ¡los amo!, aunque muchas veces no lo parezca. Hago un mea culpa, sé que posiblemente sea la oveja negra de la familia, nunca seré tan cariñoso como los Coquis, ni tendré el espíritu de fiesta de los Santillán, ni tendré la entrega que tienen los Olivos o mi querida tía Mañuca -a quien aún le debo mucho-. No, nunca lo seré. Quiero que comprendan y retengan solo una cosa en sus mentes a partir de hoy: puede que sea el más inexpresivo de todos, me cuesta dar abrazos y decirles un "te quiero", puede que tenga una pésima memoria o que simplemente esté tan metido en mis asuntos como para olvidarme de llamarlos o no poder visitarlos, ¡acepto todo eso!, pero nunca, absolutamente NUNCA se atrevan a dudar que los amo y que agradezco a Dios siempre el ser parte de ustedes,¡ni se atrevan a dudarlo, o verán al León que tengo dentro! ¡Y ustedes saben muy bien qué significa eso!

Lo repito una vez más para que retengan bien la idea, los amo tal y como son, Leones, orgullosos y fregados. Ustedes también ámenme como soy, ¿sí?, los veo el 9.

P.D.: haciendo un sondeo personal con la mayoría de amigas que tengo, muchas de ellas quisieran que su apellido sea adornado por un "de León" -sí claro, pero no por ti Christian-, no las culpo chicas, mi apellido es genial.

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