Sábado, son aproximadamente las 5:50 am y, definitivamente, llego a la conclusión que, el par de días más difíciles en estas vacaciones por las que estoy atravesando son los sábados y domingos, ¿y eso por qué? Es que estos dos días implican realizar aquello que necesito, aquello que me gusta y aquello que amo, TODO a la vez, así como no olvidarme de enviar un mensaje de texto a ella, solo para recuerde que nunca la olvido (menuda disyuntiva...).
Y aunque, usualmente utilizo el escribir para conseguir dormir, hoy lo uso para no hacerlo. ¿Razones? Veamos... Mi sábado es ajetreado desde su inicio. En la mañana hubo ensayo musical, al mediodía cocinar, luego tomar una siesta -que me está sirviendo mucho en estos momentos- y más tarde a las 6 pm, estar en casa de Guillermo y Karla, ya que ahí es la reunión de jovenes de La Buena Semilla. Ahí hemos tocado, cantado y conversado; es uno de los momentos geniales del día.
Luego de toda esta faena y regresar a casa a las 8, el día no termina, ya que me preparo para llegar a mi trabajo a las 9 pm: ser mozo en Bohemios, mi lugar de diversión favorito. Sí, un trabajo de bar. Este es, por un lado, una necesidad, y por otro, uno de mis más grandes gustos ya que amo la música rock de los 80.
Y aunque el frío del otoño sea algo arrogante, la noche se va calentando con cada persona que va llegando. El espacio se va reduciendo mientras las ansias de la gente va aumentando: hoy, como todos los sábados, están los Big Balls, la banda estrella, una de las mejores -por si no es la mejor- de los sábados trujillanos. La cuota musical que la gente exige para satisfacer su semana. De repente, el estruendo de las guitarras empieza, la batería cobra vida y, Sidney -el vocalista- hace un grito de guerra y, así, se inicia el show. La gente enloquece de júbilo. Es ahí cuando el verdadero trabajo empieza, ya que hay muchas mesas por atender, algunos egos que soportar y otros gajes de oficio, propios del ambiente, que realizar.
El show terminó aproximadamente a las 4:15 de la madrugada, hora en la que debo recoger jarras, limpiar algunas mesas y lidiar un poco con el tiempo hasta que pueda tomar un bus colectivo. A pesar de todo, hoy ha sido un día divertido: la música estuvo genial, no hubieron muchos imprevistos y he visto a mucha gente conocida, entre ellos a Wachin que llegó tarde y pidió un filete de 5 soles, el cual atendí y, por el cual, no recibí propina. De todos modos, sigo amando mi trabajo. En lo que va de mi experiencia laboral, he lidiado con algunas personas ebrias por las que tuve que llamar a seguridad, me siento como un rey en ese momento. Y aunque hubieron, como siempre, algunas descoordinaciones entre el otro mesero y yo, al final de la noche, todo se tranquiliza y siempre llego al mismo "martirio" de soportar estar despierto algunas horas más... ¿Es necesario? Demasiado diría yo, porque la mañana del domingo es mi combustible para la semana que viene.
Soportar unas cuantas horas más hasta las 9 de la mañana, es poco en realidad para lo que recibiré luego, cuando tome mi guitarra y toque y cante a todo pulmón las alabanzas a mi Dios, en mi iglesia y con mi gente. El acompañar a muchas personas a llegar a un estado de armonía es algo que no puede definirse con palabras terrenales. El cerrar mis ojos y sentir, de algún modo, que alguien me ama de un modo diferente a cualquier otro amor no tiene explicación. Y sí, estoy cansado, adolorido, pero todo esto lo vale. Y estoy feliz, porque ahora mismo estoy sacrificando algo y, como siempre digo, todo sacrificio tiene su fruto; el de hoy, es el mejor de todos.
Y así como jugando, llegan las 6:52 am, hora de bañarse y quitarse el sueño, el día recién empieza, o mejor dícho, ¿continúa?
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