Ya que no tengo dónde más desahogarme, utilizaré este medio para hacerlo. Y es que, empezaba la semana y todo iba bien, pero, a veces, una llamada, y solo una llamada, puede cambiar tu ritmo de vida, remecerte completamente y quitarte la estabilidad en menos de un minuto...En este caso, la noticia era que mi prima -de la misma edad que yo- estaba mal, con plaquetas bajas y que la internarían de emergencia. Mamá salió casi inmediatamente de casa para el hospital, yo me quedé en casa a la espera y, ya que no pude dormir, esperé a la mañana para ir al trabajo, sin antes decirle a mamá que si cualquier cosa sucediera, que por favor me llame.
Se hicieron muchas pruebas y no se determinaba nada, la familia perdía el control. Mi tío, el papá de mi prima, llegó al siguiente día de Lima. Muchas veces perdió la compostura y se partía en llanto. Mamá le repetía que todo estaba estable, que las cosas mejorarían. Recuerdo que, recién después del tercer día me animé a ir a visitarla: odio los hospitales, odio el atmósfera a muerte alrededor, las caras tristes, los sollozos de la gente alrededor. Odio aún los recuerdos de hace 17 años taladrando mi cabeza, y los de hace 11 años con mi abuelo en cama, una noche antes de que muera. Aún así, fui, hice un par de bromas, parecía que la gente necesitaba alguien que diga "todo está bien por ahora, tengan calma"; eso sirvió mucho.
Se determinó el viernes que necesitaría una transfusión de sangre y, al parecer, mi tipo de sangre y mi salud me hacían ver como el indicado. Odio las agujas, pero aún así permití el pinchazo y la pequeña muestra del viernes para saber si mi sangre era apta. Recuerdo al chico del banco de sangre y su cuestionario: "¿edad?, ¿peso?, ¿has tenido relaciones sexuales en los últimos 3 años?" y yo en son de broma diciéndole "este cuestionario se quedará entre el hospital y yo, ¿no?, ¿ética profesional?" y él respondiendo "Claro" y haciéndome un guiño cómplice que no era necesario. Me programaron para el lunes dar la sangre.
Pasé toda la noche haciendo mis documentos referentes a la tesis, al "prometedor e innovador proyecto de tesis" que ahora mismo quisiera dejarlo en stand-by porque siento no tener cabeza para nada. Aún así, sería injusto para mis compañeros. Yeisson por el chat me decía "tío, hay mucho por documentar y estamos algo atrasados" y yo, algo egoísta le decía "prometo en la noche empezar, solo déjame dormir un par de horas y empiezo, te lo prometo". Dormí y, al despertar, me pasé hasta las 5 am trabajando hasta que, cansado, volví a dormir. Fui despertado a las 9 am, con una llamada de mamá desesperada: teníamos comprado un boleto de avión para mi prima y mi tío con fecha de este sábado, así que debíamos pedir un alta voluntaria en el hospital para ese día. Por ello, requerían que dé mi sangre en ese instante, sino no la dejarían irse, y solo atenderían hasta la 1 pm: no pude bañarme, salí corriendo, sin desayunar, y solo repitiéndome dos cosas, una era "diablos, ¿por qué?" y la otra era "odio las agujas" nuevamente. Me recostaron, me colocaron por el brazo la aguja más grande que había visto hasta ese día en mi vida, la doctora me dijo "¿Tienes miedo?", y le respondí sonriendo "Sí, el normal que siente todo el mundo. Pero, en momentos así, el cariño se disfraza de valentía", me sonrió. Después de 15 minutos todo estaba listo. Salí y, después de estar un rato con mi prima, mamá me envió a casa a limpiar todos los alrededores de nuestro hogar con desinfectante, ya que mi prima estaba inmuno-suprimida y cualquier cosa podía enfermarla.
Lo hice, y luego moría de hambre. Mandaron comida para 3 y éramos 6. A pesar de haber dado sangre, no comí hasta las 3 pm porque mi familia necesitaba más energías, las mías no eran necesarias. Faltaban pocas horas para poder ir al aeropuerto a tomar el viaje (11 pm), pero a las 6 pm ella se descompensó por primera vez. Sus labios eran blancos, estaba desvariando un poco. Vi a mi tío partirse en mil pedazos y rompiendo en llanto. Yo trataba de ser una piedra emocional y jalé a mi tío a la sala y le dije que de su fuerza dependía la fuerza de mi prima, que por ella debía ser fuerte en ese momento. Después de un poco de tiempo y de miradas de mis familiares, como diciéndome "por qué eres tan insensible, por qué no entiendes por qué lloramos", llegó una enfermera, amiga de la familia, luego todo volvió a la normalidad. Me fui afuera a tomar aire.
Pasaron 3 horas y, todo se arruinó. Ella volvió a descompensarse, perdió el conocimiento, empezó a convulsionar. Escuché el grito de uno de mis primos por el segundo piso "Christian, necesitamos llamar a emergencias AHORA". Ahí yo traté de desconectarme y volverme un robot fuerte y de decisiones claras y rápidas, donde los sentimientos no eran necesarios. De repente, me sentía como en un juego de Max Payne: todo estaba en cámara lenta. La gente estaba corriendo de un lado a otro, y yo no sé de dónde saqué fuerzas y empecé a cargar todo lo que estaba en el camino: mesas, bidones de 4 litros de agua, etc. para la llegada de la camilla. Veía a mi familia partirse alrededor, tomé aire y les dije "calma, ya llega emergencias". La ambulancia estaba cerca, levanté las manos para que vean dónde era la casa. Subimos, cargué con uno de los médicos la camilla. Y luego, la cargué con mi prima sobre ella, hacia abajo, al auto. Mi abuela, al ver todo, empezó a llorar frente a mi tío, y eso no era necesario, así que la tomé con mis brazos y le dije que mejor vayamos adentro. La dejé adentro, mis tíos se fueron con mi prima a emergencias otra vez. Todo el plan de llevar a mi prima a ser tratada a Lima se arruinó, los pasajes se perdieron, pero al menos ella estaba siendo llevada para ser tratada de emergencia.
Mamá fue fuerte hasta ese momento. Luego que los carros se fueron, y no había nadie más que ella y yo, ella sintió que el peso ya era demasiado: rompió en llanto en medio de la calle. Yo, una piedra emocional, sentía cómo una pequeña
Ahí, fui a la cocina y no había agua en el grifo. Miré mi celular después de muchas horas y Yeisson me reclamaba que esté en la computadora para continuar la documentación de tesis. Yo, decidí bajar a la farmacia (que en ese momento estaba cerrada) para sacar una botella de agua mineral. Mientras bajaba, recordaba toda la semana que pasó, las caídas, los correteos, los apuros. Después de muchas horas, sentía que podía respirar un poco, que no era necesario ser de piedra. Tragué aire, recordé las miradas de mi familia, las veces que me dijeron que no entendía, que ya estaba "demasiado relajado", que soy un insensible. Entré a la farmacia, cerré la puerta, después de muchas horas estaba solo. Las palabras me taladraban la cabeza. Apoyé mi espalda sobre la pared, estaba demasiado fría. Lentamente empecé a resbalar hasta sentir que estaba sentado en el piso. Y en ese momento, en ese preciso momento, después de muchos días de pretender ser esa persona fuerte que todos necesitaban -aunque nadie la había pedido-, la piedra no dio más: sus trizas se convirtieron en gotas, me quebré.
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