Quizás una de las cosas más interesantes del ser humano es el tener la oportunidad de elegir el modo de vivir y, además, decidir si "cambiar o no" en un momento determinado algo de dicho modo que eligió. Lo gracioso es que, cuando cambias de vida tan drásticamente -como me sucedió a mí-, también llegas a tener que olvidarte de ciertas cosas que te caracterizaban, ciertas costumbres con las que convivías por defecto.
Cambios... Si analizamos mi caso en particular, vemos que muchas cosas pueden influir en la vida: la iglesia, los amigos, la universidad, tu familia e incluso el trabajo, todo cuenta en el proceso. Hasta ayer solía decir "...por suerte...", hasta que aprendí que la suerte no existe si Dios determina las necesidades de tu vida. ¿Mentir, matar, robar?, pensaba que algunas malas acciones eran menos malas (valga la redundancia) que otras, pero, ¿saben?, el obrar mal no tiene dimensiones, incluso cuando mientes estás matando tu dignidad. Descubrí que la sonrisa es un lenguaje universal que expresa cordialidad por parte tuya, ¡incluso hay gente que paga por una sonrisa! Encontré la solución al insomnio: evitar no hacer nada, y gracias a eso incluso aprendí la razón por la que los japoneses se quitan los zapatos antes de entrar a sus casas: porque el trabajo es el torturador número uno de los pies, además, para agregar, quizás no he descubierto mejor sensación que el quitarse los zapatos después de 8 horas de estar parado, caminando o corriendo...
¡Hombre! Hay tantas cosas que no acabaría. Incluso, pensándolo bien, creo que, si el Christian ateo de hace 7 años se conociera con el Christian actual, podría darse una batalla cataclísmica y sanguinaria en la que espero que el actual Yo gane. Al fin y al cabo, creo que es bueno cambiar, siempre y cuando tengas la convicción de que el cambio te hará mejor persona.
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