Te tengo atorada en la garganta. Tienes un nombre, un rostro, pero ya no puedo distinguir la densidad de tu condensada alma...
Y hoy, una vez más quiero expulsarte, expectorarte pero, nuevamente, no puedo. Tengo miedo, miedo de hacerlo y sentir más dolor que tenerte dentro, miedo de no hacerlo y morirme de sed con el tiempo.
No hay comentarios :
Publicar un comentario