martes, 7 de septiembre de 2010

[Bajas] Aspiraciones

Aún no ha salido el sol. Parece que la noche ha pedido horas extras y el pequeño Ronald se revuelca en la cama. Él no ha conciliado el sueño hoy y, al parecer, no tiene interés por luchar contra su insomnio ni aplicar vagas técnicas como el conteo de ovejas, tomar estimulantes o simplemente cerrar los ojos y esperar a que la suerte le sonría.

Después de un par de horas el sol se asoma en el horizonte. Es un nuevo triunfo en su diaria guerra nocturna. Prende la terma y toma un baño. El vapor empapa los cristales del espejo, estos se enturbian tanto como aquellos pensamientos que han rondado por su mente en estas semanas. "Parece que el agua está por acabarse, más vale que te apresures pequeño" le grita su trastocada conciencia. Sale del baño y rápidamente se viste, toma sus cosas y sale a estudiar. Hoy, nuevamente, no habrá desayuno, prefiere morirse de hambre y caminar al colegio antes que hablar con su abuela que hace unos días le dijo "inservible"; él sabe que ella la quiere, pero está harto de sus frases hirientes y espontáneas. Al fin y al cabo, a veces hay luchas justificadas que el humano puede confundir con el orgullo.

El camino no es largo, solo es media hora de caminata. Él puede lograr que el tiempo se vuelva imperceptible gracias al pequeño walkman que siempre trae consigo. Tiene el cassette de su grupo favorito y, por el camino, cada canción le recuerda un pequeño momento en su vida: alegrías, tristezas, verguenzas, obsequios, sueños no realizados así como pérdidas irreparables. "¿Acaso piensas llorar? ¿Para eso traes estos recuerdos? Idiota", su trastocada conciencia nuevamente le ha hablado, últimamente lucha con esta e intenta fomentar la cordura entre tanta insensatez.

Ha llegado al colegio. En el tercer piso su salón lo espera: 42 alumnos, 1 profesor, miles de esperanzas postradas entre 4 paredes -diría la sociedad-. Entra y se sienta en la tercera fila y la tercera columna ya que sabe que es el sitio perfecto para la gente "promedio". A pesar de eso, la gente sabe su habilidad con las ciencias, muchos se acercan y le piden ayuda. Él abre su cuaderno y recita las características de una compleja tabla periódica, algunos le responden "¡gracias, amigo!" y él solo asienta la cabeza, al fin y al cabo, después de tantos años le resulta difícil definir amigo, quizás simplemente no quiera hacerlo ya que muchas veces pareciera significar ser "la persona útil del momento".

Ha empezado la clase, hoy toca el curso de Filosofía. El profesor ha dibujado hábilmente un árbol en la pizarra con tizas verde y marrón, una semilla con tiza roja, y finalmente escribió: "El colegio es un árbol y ustedes nuestros frutos. ¿Cómo se ven ustedes dentro de 10 años?", las respuestas no se hicieron esperar:

- En Japón haciendo juegos de computador -dijo Pedrito-.
- En una veterinaria salvando perritos -dijo Sandra-.
- En el sillón presidencial, haciendo de mi país un lugar mejor -dijo Luis-.

Finalmente llegó el turno del pequeño Ronald. Se formó un silencio prolongado y asfixiante en el salón, de aquellos en los que se podría sentir el viento siendo cortado con la respiración. Este silencio se rompió, intempestivamente, con un: "es una pregunta estúpida y sin fundamentos". En ese momento, el aula "explotó"... El profesor, aunque molesto, era amante de los debates y las argumentaciones, así que sentenció un amenazante "explícate o te vas".
La respuesta no se hizo esperar: "si yo ni siquiera sé lo que pasará conmigo el día de mañana, ¿cómo espera que sueñe con un futuro?, hoy ni siquiera supe si llegaría el amanecer, caminé hasta acá por un largo recorrido esperando el ver la silueta de este edificio. Desde mi niñez he visto gente morir, sueños derrumbados, empresas caídas de la noche a la mañana, familiares que perdieron todo, hasta su reputación, por simples errores rutinarios... ¿y usted espera que piense en mi futuro?, cuando ni siquiera he empezado a pensar en mi presente, pobre iluso...". Al finalizar, tan solo una lágrima era lo único que parecía que tenía vida, corriendo y deslizándose lentamente por las mejillas del pequeño, mientras el profesor tragaba su saliva como si fuera una manzana atascada en su garganta.

Pobre Ronald, pobre niño sin felicidad. Su resentimiento ennegreció su corazón. ¿Es que nadie lo abrazó cuando gritaba compasión?, ¿en quién confió cuando necesitó un consejo?, hoy solo es un cúmulo de malos recuerdos amarrados y entrelazados, donde apenas pasa la luz de Dios, pero esta luz es insuficiente. A veces los pequeños rayos de esperanza se pierden entre los kilómetros de oscuridad e incertidumbre.

Hoy, prometo hacer brillar mi corazón. Encenderé una linterna en tu nombre, pequeño.

No hay comentarios :

Publicar un comentario